“Papa, tengo que decirte que…”
Cuando un hijo te viene y te dice: “papa, tengo que decirte que…”, en ese momento al padre le entra un sudor frio por toda la espalda y un miedo que le dejan paralizado, porque no sabe si la noticia que le dará su hijo será buena o mala.
Algunas veces jugamos también a ese juego: Tengo una noticia buena y una noticia mala, ¿Cuál quieres primero?. O cuando abres el buzón y te encuentras una carta que es una multa y una carta que es de un querido amigo, ¿Cuál abrirías primero?.
Hay noticias en las que solo está la persona que la recibe, como el ejemplo anterior con la recepción de una carta, pero en otras noticias sean estas consideradas como buenas o malas intervienen dos personas, la que da la noticia y la que recibe la noticia.
Hoy el ejercicio que pondremos en marcha será ponernos en el lugar de la persona que tiene que dar una mala noticia a otra persona, lo que nos requerirá conocer algunas pautas de comportamiento básicas antes de afrontar esa situación:
1. Pararse a pensar si somos la persona indicada para darla o si hay alternativas mejores.
2. Pensar en nuestro propio estado emocional porque si estamos implicados emocionalmente es mejor plantearse pensar en otra persona.
3. Anticipar la reacción de la otra persona, esperando ciertos comportamientos y preparando posibles soluciones.
4. Elegir bien el momento en que la otra persona no esté ni muy estresada ni especialmente excitada, porque esto podría hacer que la noticia tenga un mayor impacto emocional y que ese momento vaya a recordarse como una experiencia aún más desagradable.
5. Buscar un contexto tranquilo y emocionalmente neutro que no tenga distracciones y sea tranquilo. De este modo, la comunicación será más fluida y no habrá estresores ambientales.
6. Mantener cierta proximidad con la persona a la hora de comunicar la noticia para que la otra persona se sienta más confortada y esté en mejor disposición de prestarle ayuda si la necesita.
7. Sentarse, ambos para que el cuerpo se relaje, lo cual a su vez hace que sea más fácil prestar atención y, por otro lado, puede ayudar a eliminar parte de la tensión antes y durante la entrega de la noticia.
8. ¿Tocar, no tocar…?, es preferible no tocarla con la mano o el brazo justo antes de darle la noticia, ya que esto podría hacer que se estrese muy rápido y que no pueda concentrarse bien en lo que estamos diciendo.
9. Empezar contando lo más importante, aunque sin brusquedad, transcurriendo unos pocos segundos entre que empiezas a hablar y el momento en el que se nombra la peor parte de la noticia, pudiendo después contar los detalles si crees que es oportuno y la otra persona está en disposición de seguir escuchando.
10. Utilizar un lenguaje neutro y dar la información objetivamente, nunca «prefabricar» un punto de vista o un estado de opinión que vayamos a imponerle a la otra persona. Dar una mala noticia es algo que tiene sentido porque la otra persona necesita conocer una información relevante y asimilarla a su manera.
11. Reformular lo ocurrido, si se puede, después de haber dicho lo importante, ofreciendo un punto de vista que complete la información anterior, abriendo un abanico de posibilidades más esperanzador.
12. No implicarse emocionalmente si no es para confortar a la otra persona, distanciándonos lo suficiente como para que no tengamos que exteriorizar nuestros propios sentimientos y sea la otra persona la que pueda gestionar los suyos.
“Papa, tengo que decirte que…”
Cuando leemos la Palabra de Dios, también nos encontramos con buenas y malas noticias, y como en el caso que estamos tratando hoy, también hay hijos que van a sus padres para darles malas noticias.
Pero hoy tenemos delante un ejercicio al cual somos todos invitados, para considerar una noticia que viene directamente de Dios para cada uno de nosotros. Esta noticia es una buena noticia llena del gozo de Dios, que Él quiere compartir con todos nosotros.
