“Tu banco de recuerdos”
La memoria funciona como un banco de felicidad, atesorando recuerdos positivos a los que podemos recurrir en momentos de necesidad, ya que esos recuerdos nostálgicos nos permiten viajar atrás en el tiempo, mirar hacia el futuro y afectar a cómo nos sentimos en el presente, y también nos llevan a conectar con nosotros mismos a lo largo del tiempo, así como con los demás.
Ayuda mucho a sentir tu vida más feliz si tiendes a albergar una perspectiva positiva y nostálgica de tu pasado, porque te ayudará a generar sentimientos positivos, reforzarás tu autoestima y aumentarás la sensación de ser amado.
Todos los días continuamos ingresando recuerdos en nuestro banco de felicidad, pero podemos crear recuerdos y potenciarlos para que sean memorables y que traigan más bienestar a nuestra existencia.
Si quieres crear estos recuerdos, te voy a dar unos ingredientes para aderezarlos y un manual práctico:
– Aproveche el poder de las primeras veces – el primer beso, el primer piso, el primer empleo. Varios estudios demuestran que recordamos mejor los días nuevos y extraordinarios en los que hicimos algo diferente. Por eso, uno de los ejercicios para construir recuerdos felices consiste en ir, una vez al año, a un lugar al que no hayamos ido nunca, ya sea lejano o cercano. ¡Lo importante es sacar el calendario, el mapa y planificar esa escapada!
– Implique todos los sentidos – todos hemos sentido sabores, sonidos, olores, vistas o una textura que nos devuelve al pasado, una sensación que nos recuerda que un día fuimos amados, que fuimos felices. Las cosas se recuerdan por asociación. Cuantos más sentidos usemos, más vívido será el recuerdo. Así que la próxima vez que nos sintamos muy felices y queramos capturar el momento, debemos tomar nota de la información de todos nuestros sentidos.
– Preste atención – existe una diferencia importante entre ver y fijarse cuando se trata de la memoria. Nos fijamos cuando les prestamos atención, cuando registramos algo y lo podemos recordar más adelante. Por eso, es importante tratar los momentos felices como trataríamos a alguien especial. ¡Sin perder detalle!.
– Cree momentos significativos – muchos estamos acostumbrados a la rutina diaria. Lo que la gente recuerda son los días señalados de sus vidas: las metas que alcanzamos, los momentos en los que nos sentimos realizados, conectados con nuestros seres queridos, con el mundo y con la propia vida. Por eso, es buena idea crear más hitos, grandes o pequeños, como caminar diez mil pasos al día durante un mes, terminar las obras de la cocina o cambiar de trabajo y, después, celebrarlos dándose una recompensa, como una cena en un sitio especial.
– Use su rotulador fluorescente emocional – las reacciones emocionales hacen que las experiencias y los momentos sean más memorables, podemos plantearnos hacer cosas que nos den miedo, vivir experiencias que nos remuevan la sangre, ya que despiertan las amígdalas cerebrales, y los aspectos emocionales de dichas experiencias harán que sean más memorables.
– Externalice sus memorias -escribir, hacer fotografías, grabar, coleccionar ‘souvenirs’ de viajes, objetos familiares. Cualquier idea es buena a la hora de conservar nuestros recuerdos físicamente. Al decorar nuestras estancias con objetos que signifiquen algo para nosotros y cuenten una historia nuestra, alimentamos esos recuerdos felices que nos conectan con quienes somos.
Todos sabemos que los buenos recuerdos pueden ayudarnos a mejorar nuestro ánimo, pero también podemos entrenar la memoria para borrar los malos recuerdos
Tenemos algunos recuerdos que son demasiado dolorosos y reaparecen en los momentos menos indicados. En esos momentos a todos nos gustaría hacer como en ¡Olvídate de mí! y poder llamar a una compañía que venga y borre ese recuerdo de nuestra mente mientras estamos dormidos, y aunque aún no se puede hacer, sí hay algunas cosas que podemos hacer para manejar esos recuerdos y quitarles el poder que tienen sobre nosotros.
Porque tienes más control de lo que crees, y hay algunas cosas que puedes hacer para obligarte a olvidar, o algo parecido. Aquí te dejo algunos pasos:
– Identifica tus detonantes – los recuerdos no aparecen solos en tu mente, siempre hay algo que los detona (como un olor, una imagen o un sonido) y saber cuáles son esas cosas te puede ayudar a controlar tus recuerdos y a eliminar la connotación negativa entre ese “trigger” y tu recuerdo.
– Habla con un terapeuta (o con quien quieras) – un mal recuerdo pierde su poder cuando lo enfrentas, y no hay mejor manera de enfrentarlo que hablando sobre él, lo que sentiste y cómo afecta tu vida. Mientras más hables de él, más fuerza pierde y pasa a ser solo un mal recuerdo que ya no te afecta.
– Supresión de memoria – algo que puedes hacer es tomar conciencia y, conscientemente, dejar de pensar en un mal recuerdo tan pronto como aparece. Sí lo vas a tener, pero vas a poder controlarlo y “borrarlo” de tu mente tan pronto como te das cuenta de que estás pensando en eso otra vez. Esta es otra manera de quitarle el poder que tiene sobre tu vida o estado de ánimo.
– Enfréntalo – para vencer tus miedos debes enfrentarlos. Con los recuerdos es igual, pero no debes hacerlo solo. Con la ayuda de un profesional, puedes aprender a lidiar con todas esas malas experiencias reviviendo, a propósito, todo eso que te causa dolor emocional y malos recuerdos, de esa manera vas adquiriendo todas esas herramientas que te ayudan a lidiar y hacerle frente a todo eso que no te deja en paz.
– Enfócate en lo positivo – toda mala experiencia te enseña algo, enfocarte en eso puede ayudarte a transformar un mal recuerdo en uno un poco menos desagradable y a seguir con tu vida, aunque no lo hayas superado completamente.
En conclusión: no, es probable que no vayas a poder borrar tus malos recuerdos por completo, pero es posible controlar el efecto que tienen sobre ti para que no sufras cada vez que regresan a tu mente.
“Tu banco de recuerdos”
Cuando vamos a la Palabra de Dios, encontramos un banco, el banco de Dios, donde podemos encontrar todo aquello que nos ayudará a ser felices, y lo más interesante es que podemos acudir tantas veces como necesitemos y siempre habrá saldo.
En una ocasión, la angustia atormentaba al rey David y lo mantenía en vela toda la noche. ¿Qué hacer? El salmista decidió recordar el pasado. Recordó lo que Dios había hecho por él y por su pueblo. “Me acordaré de las obras de Jehová; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas”(Salmo 77:11).
David recordó cómo Dios liberó a los israelitas de la esclavitud egipcia. Recordó el tumulto a orillas del mar Rojo. La multitud parecía atrapada sin salida. Pero todos vieron, en esas aguas turbulentas, el poder del Señor: “En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas”. Dios abrió el mar y los condujo a lugar seguro. Y volvería a hacerlo.
De igual modo, cuando nos abruma la ansiedad, podemos revivir las obras de Dios en nuestras vidas: los grandes triunfos, sus promesas cumplidas, las bendiciones y las constantes pruebas de su amor. Estos recuerdos pueden no solo curarnos, sino fortalecernos para enfrentar el futuro, confiados en su cuidado.
