¿Puedo contar contigo?
Seamos niños, jóvenes-adolescentes o adultos a todos nos gusta tener a alguien cercano en el que poder confiar. Alguien que nos preste atención y esté abierto emocionalmente.
Y cuando tenemos la suerte de tener ese tipo de vínculo, entonces somos más felices, y estamos más dispuestos a arriesgarnos en el “mundo exterior”, y disponemos de más recursos para enfrentarnos a los inevitables conflictos que nos proporciona generosamente la vida.
Pero si esa figura que representa la seguridad se muestra distante o nos rechaza, aparece la ansiedad, y la preocupación se convierte en una pesada carga que nos dificulta enormemente la exploración del mundo.
Unos y otros, pero en especial los adolescentes buscan el contacto con esa persona que es como un refugio para ellos, aunque a veces no lo hacen de forma directa, quizá solo les vale verla a su lado, tenerla cuando la necesitan.
Caricias, abrazos, besos. Especialmente buscamos ese contacto cuando nos sentimos enfermos, o temerosos, o tristes. ¡Lo bien que sienta en esos momentos un abrazo o una muestra de ternura! Y lo tristes que nos ponemos cuando nos separamos o perdemos el contacto con esa persona: el temor que nos invade.
Pero cuando esa relación sufre algún tipo de trastorno sentimos una gran tristeza y nos hacemos más vulnerables a las enfermedades y dificultades físicas y psicológicas.
Por el contrario, el encuentro es una fiesta, un alivio (si es que se abrigaban dudas sobre si volveríamos a reunirnos), es como si fuese un escudo protector.
Los jóvenes son más propensos a llevar condigo esa representación mental que, en momentos de apuro, les consuela y tranquiliza casi tanto como si estuviese presente la persona en la que confían.
Pero como joven que eres, debes presentarte como esa persona en la cual se puede contar contigo. Ser una persona con la que se pueda contar.
Que tu contestación y tu disposición sea: «Puedes contar conmigo». Que alientes a otros en esos momentos que han perdido la calma. Porque tú eres de un valor incalculable.
Puedes ser esa persona que es un salvavidas en momentos de angustia. Que dices con convicción “puedes contar conmigo”, y no titubear a la hora de estar ahí para el que te necesite. Ser una maravilloso ser que brinda compañía y refugio. ¿Qué mayor gozo y alegría con un simple gesto?.
Hay personas que te necesitan, otras serán más independientes, aunque les gustaría contar con tu apoyo. Pero, ¿cuál es el papel real que juegas en sus vidas?
Si quieres que cuenten contigo y tienes dudas de cómo hacerlo, me gustaría ayudarte para ello fíjate en la forma de actuar de otros que ya lo hacen, y considera:
Cada persona es única. Aquellas que nos dicen “puedes contar conmigo”, pueden ser: quienes están siempre que lo necesitemos; las que, aunque no estén presentes nos brindan su apoyo; las que nos dan una mano, pero no están disponibles en todos los instantes.
Entonces, poder contar con alguien no significa que esté siempre presente. Puede estarlo o no; en el caso de estar, además, puede hacerlo de distintas maneras. Por ejemplo, a pesar de la distancia, hay quienes nos apoyan, incluso aunque no hablemos con ellos.
Este tipo de personas podrían ser más generosas en sus relaciones. Sin embargo, no lo son porque, aunque brinden apoyo al otro, respetan su espacio. Es decir, ponen límites. Pensemos que incluso los profesionales lo hacen; aunque sea su trabajo, tienen también unas necesidades propias que satisfacer.
También pueden ser aquellas personas que están para nosotros siempre que lo necesitamos. Esto, aunque pueda resultar muy “rentable” para la persona que demanda, también puede resultar agotador para quien da, pues van cediendo poco a poco a sus necesidades propias por estar ahí para los demás.
A lo mejor no estás pensando que alguien te pueda necesitar, porque pienses que no es importante contar con el apoyo de los demás. Sin embargo, lo es, de hecho, su ausencia o carencia puede afectar nuestra salud. Por otro lado, puede que rechacemos la ayuda de los demás; un gesto que necesariamente no tiene por qué indicar que no nos sirve.
Podemos negarnos a aceptarla por otros factores. Por ejemplo, por vergüenza, o miedo a aceptar que somos vulnerables. Sin embargo, contar con un apoyo puede mejorar nuestra calidad de vida.
Resulta que el ser humano se desarrolla en distintos campos. El psicosocial es uno de ellos. Se trata del ámbito de los vínculos que establecemos con los demás. Su importancia se debe a que podemos contar con mayor seguridad, sentirnos protegidos, desarrollar empatía, expresar lo que sentimos, y motivarnos, entre otros factores.
Además, el grado de satisfacción a nivel psicosocial repercute en los otros aspectos de nuestro desarrollo: físico, emocional, cognitivo y espiritual. Esto sucede porque somos seres integrales. Así, contar con personas que nos dicen “puedes contar conmigo” puede sumar para mejorar nuestro bienestar.
Ahora bien, no todas las personas que nos acompañan con esta frase están de una manera efectiva para nosotros. Lo importante es contar con aquellas que construyen relaciones sanas, que nos brindan apoyo y cariño mientras que respetan aquellos límites que no queremos que sobrepasen.
Contar con alguien nos ayuda a sentirnos acogidos, nos brinda un soporte maravilloso, especialmente en aquellos momentos en los que lo necesitamos. Por otro lado, demandar esta ayuda no nos hace inferiores a nadie, no nos coloca un escalón por debajo de ninguna dignidad. De hecho, en muchos casos es un ejercicio de inteligencia y valentía.
Además, brindar apoyo puede hacer que alguien, que no veía salida para su problema, salga adelante. Sumar nuestras manos a las de esa persona podría hacer que su actitud cambiara. Entonces, nuestras palabras, nuestros abrazos y otras acciones pueden sacar a la luz a alguien que se encuentra en un profundo abismo. Todo puede comenzar por la frase “puedes contar conmigo”.
Hay también esos momentos cuando alguien nos necesita y no estamos, y no pueden contar con nosotros, que experiencia más triste como relata este escrito:
“Para ti, que no estuviste cuando más te necesité, que no atendiste a mi llamada de auxilio y me dejaste perdida en un laberinto si salida. Me sentí dolida al no poder contar contigo. Te creía mi más fiel y leal amigo. Consideré ciertas todas esas palabras que me dedicabas en las cuales afirmabas que podría contactar contigo a cualquier hora que pronto acudirías. Sin embargo, pude comprobar que nada de esto era cierto.”
En muchas ocasiones nos vemos inmersos en circunstancias que consideramos injustas. Estas nos provocan mucho dolor y sufrimiento que se intensifica en el momento en el que requerimos de alguien que no aparece. Cuando sucede esto culpamos, nos resentimos y empezamos a ver a esas personas con otros ojos. Las emociones negativas que nos abordan se multiplican, haciendo que nuestra situación se vea sustituida por una nueva: la decepción.
No estabas cuando más te necesité y eso me hizo verte de otra forma y te juzgué.
Quizás sea el momento de ser un poco más flexibles. La adversidad es complicada, pero apartar de nosotros e intentar culpar a las personas que no pueden estar cuando lo necesitamos empeorará las cosas. A veces su desaparición no es intencionada, sino porque también tienen sus problemas, sus preocupaciones, sus propias dificultades.
Cuando nos ocurre algo malo nos consideramos el centro del mundo. De repente, todo gira en torno a nosotros y clamamos ayuda. Lanzamos un grito de auxilio que no siempre es respondido, pero no porque nos hayan abandonado, sino porque los demás también son humanos y tienen que lidiar con sus propios fantasmas.
Tal vez, el hecho de culpar y juzgar esta realidad que tanto nos decepciona sea una forma de descargar toda nuestra frustración y rechazo ante lo que estamos viviendo. Porque a nadie le gusta que las cosas vayan mal. Tampoco tener que luchar contra lo que no hemos buscado enfrentarnos… Son nuestras emociones las que nos están llevando por un terreno tenebroso. Sería muy importante que fuéramos conscientes de ello, que dedicáramos un tiempo a verlas y analizarlas para evitar ser injustos con aquellos que en realidad nos quieren.
Cuando todo nos va mal y las emociones negativas nos embargan, nos convertimos en personas injustas y que también hacen daño a los demás.
Además, hay algo muy importante que tenemos que tener en cuenta. Aunque podamos contar con el apoyo de la gente que apreciamos, al final estaremos nosotros solos ante el peligro. Pues está de nuestras manos resolver los problemas que nos acechan. Por mucho apoyo que tengamos, jamás será suficiente. Solo nosotros tenemos esa batuta que puede terminar con las dificultades.
Piensa en algún momento de tu vida en el que alguien cercano te necesitó y no estuviste para él. Quizás estabas trabajando, de vacaciones y con el móvil apagado, batallando con responsabilidades que te estaban sumiendo en una vorágine de estrés… y si todavía no te ha ocurrido esto, puede que alguna vez suceda.
También es posible que en cierta ocasión alguien te recriminara tu ausencia cuando tú desconocías lo que le pasaba. ¿Cómo lo ibas a saber? ¡No eres adivino! Sin embargo, es posible que tú también hayas experimentado lo mismo. Ese instante en que deseas la presencia de aquellos que no saben lo que te pasa y que culpas por dicho desconocimiento.
Tenemos miedo a descubrirnos solos ante el peligro. Culpamos a aquellos que nos hacen sentir esa soledad, que tanta rabia nos da, porque pensamos que nadie nos quiere, que no existe
persona en la que confiar. Continuamos justificando ese temor a estar solos cultivando resentimiento y culpa hacia otros, cuando en realidad tendríamos que bucear en todas esas emociones que sentimos y que están llamando nuestra atención.
Puede que nos demos cuenta entonces de que requerimos un hombro en el que apoyarnos para poder hacer elecciones, para gozar de la aprobación de los demás o para sentirnos aliviados ante nuestra falta de valentía para afrontar una situación complicada y nueva. Es entonces cuando abriremos los ojos y empezaremos a ser justos con aquellos cuyas ausencias nos han enseñado más sobre nosotros mismos.
¿Puedo contar contigo?
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos que Dios desea contar con nosotros, pero no todas las personas están dispuestas a decir “puedes contar conmigo”, un ejemplo lo tenemos en Proverbios 20:6 “Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, Pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará?”.
Hay una gran incoherencia entre lo que decimos y lo que enseñamos con nuestro ejemplo.
Pero a pesar de eso Dios usó en gran manera de aquellos que decidieron contestar el llamado de Dios ¿Puedo contar contigo?. Porque Dios cuenta contigo.
Si tú quieres ser o conocer a estas personas, es necesario que me acompañes ahora.
