La valentía de ser adulto
Hoy sería el 57 cumpleaños de mi esposa, como alguno sabéis ella era profesora y su trabajo aparte de enseñarles materias educativas a sus alumnos (fueran de los colegios o de la iglesia), también les capacitaba en el desarrollo hacia su madurez.
Y cuando llegaba el momento comenzaba con esta sencilla pregunta: “¿Sientes que has llegado a la edad adulta?” La mayoría de personas e incluso adolescentes, responderéis de forma afirmativa, pero la evidencia muestra cómo incluso personas de 30 años son poco adultas y maduras y cómo personas de 21 años son consideradas muy maduras y adultas a pesar de que aún les quedan muchas cosas por vivir y aprender.
Estoy pensando en ti, que eres un joven adolescente y que sientes que ha llegado tu momento de ser adulto, que con valentía, compromiso y responsabilidad contigo mismo y con los demás, deseas terminar ese proceso de convertirte en adulto.
Pero debes saber que llegar a ser un adulto sano no es tarea fácil, especialmente si tenemos en cuenta como está montada la sociedad en la que crecemos.
Por otro lado, en función de cómo hayamos vivido nuestra infancia y los vínculos con nuestros padres, vamos a necesitar más o menos esfuerzo en el camino hacia nuestra madurez física y emocional. La edad fisiológica y la edad social no siempre coinciden, luego ¿por qué esta falta de sincronía? ¿Por qué muchas veces nos cuesta tanto madurar?
Algunas personas atraviesan dificultades para madurar, es lo que se conoce como “Síndrome de Peter Pan“. Y esto es así porque:
En primer lugar, la sociedad nos empuja a permanecer siempre perfectos, bellos y con espíritu joven.
En segundo lugar, a veces las heridas emocionales de nuestra infancia hacen que arrastremos asuntos pendientes por resolver y contemos con un niño herido que se resiste a dejar paso al adulto: en el fondo sigue reclamando parte de su infancia o al menos salir de ella sin heridas profundas. Estos asuntos, al no estar resueltos, se manifiestan en nuestro presente. Piensa que en la etapa infantil es más fácil eludir responsabilidades y sentir que estamos en una zona conocida y cómoda, en vez de explorar zonas desconocidas.
Algunas de las características que podemos ver en estas personas son:
– Tiene necesidades no satisfechas en la niñez que trata de compensarlas de forma constante en su presente.
– Siente culpa, oculta o manifiesta, por las cosas que hace, dice y siente. Le cuesta diferenciarse de sus padres o de sus parejas.
– Exagera sus necesidades y además estas suelen convertirse en adicciones, o necesidades de gratificación inmediata.
– Necesita llenarse con estímulos constantemente y puede ser muy dependiente de los demás, o muy independiente (aunque detrás de la independencia se esconde una necesidad de ser reconocido y visto).
– Reprime sus emociones y deja que sus emociones se entierren en su interior, o por el contrario, es una montaña rusa de emociones que no puede controlar.
– Espera mucho de los demás, puede dar mucho pero normalmente esperando algo a cambio.
– Tiene presentes en su interior las heridas de abandono y de rechazo que vivió en su infancia.
El arte de convertirnos en un adulto sano, no pasa solo por asumir diferentes roles en la vida (profesional, pareja, hijos, etc.), sino que va mucho más allá. Pasa por dar un salto hacia lo desconocido, adquirir nuestra propia identidad diferente a la de nuestros padres. Dejar sus expectativas de lado, y empezar a hacer cosas por nosotros mismos.
Si nos valoramos y aceptamos tal y como somos, la experiencia vital nos llevará de manera natural hacia la adultez. Lo que nos da alas para ser adultos es la libertad de vivir nuestro presente con consciencia y aceptación de las circunstancias, tal y como van viniendo.
Por tanto, algunos secretos para convertirse en un adulto autónomo son: dejar de comportarse como la víctima, evitar la queja constante y dejar el pasado atrás. Solo siendo valientes y dando un paso hacia lo desconocido podremos empezar a gobernar nuestra propia vida.
Supuestamente, a los 18 años entras en la edad adulta, aunque puedes tener 29 años y no ser un adulto desde el punto de vista psicológico.
Pero… cómo podríamos definir si una persona es adulta o no?
Comenzar una carrera profesional, casarte y/o comprar una casa serían los conceptos que te meterían en la edad adulta sin que necesariamente seas adulto. Por eso, entre los 18 y los 30 años, podemos encontrar lo que se define como “Adultez emergente” que definiría a una persona adulta si se dan estos hitos:
1. Asumir la responsabilidad por sí mismo.
Significa aceptar las consecuencias de tus acciones sin esperar a nadie, especialmente a tus padres, para protegerte de esas consecuencias.
Es decir, si algo se rompe, tener la capacidad de no culpar a nadie más, ni esperar que alguien nos rescate. Sencillamente, ponerse a trabajar para arreglarlo. En eso consiste ser adulto.
Decidir si quieres cambiar de trabajo por ti mismo, y asumir las consecuencias si es una decisión fallida. Hacer algún tipo de inversión por ti mismo, y asumir el resultado como propio, tanto si ese resultado sale bien como si sale mal.
Puede parecer muy obvio, pero observamos cómo hay personas que pasan los 40 años y que aún culpan a todo tipo de personas (padres, amigos, políticos…) de su mala situación, cuando lo cierto es que allí donde estás ahora mismo es donde te han llevado tus propios pasos y decisiones.
¿Tomaste decisiones por alguien más y te equivocaste? Pues te jodes y sigues adelante. Eso es ser adulto.
2. La toma de decisiones independiente.
El segundo hito que una persona debe alcanzar para considerarse adulta es acerca de la identidad.
¿Qué trayectoria educativa debo tomar?
¿Qué oferta de trabajo debo aceptar?
¿Dónde quiero vivir?
¿Con quién?
¿Quiero tener una relación o prefiero estar soltero?
¿Quiero casarme?
¿Debo trasladarme de ciudad?
Se trata de encontrar quién eres realmente, cómo encajas en el mundo y cuál es tu papel en él. De hecho, reza una vieja frase que en tu vida hay dos grandes días; el día que naces, y el día que descubres para qué.
Casi todo el mundo, a sus 20 años se imagina a los 30 de una forma, y rara vez esto se cumple.
Y es que los jóvenes suelen poner mucha presión en estas cuestiones para averiguarlo cuanto antes. Por desgracia, otros jóvenes son más inactivos en estas cuestiones (más “pasotas”), pero la clave aquí es la paciencia y el estar siempre en movimiento: aprendiendo, trabajando, construyendo algo…. Así se encuentra la identidad.
3. La independencia financiera.
Probablemente este sea el hito de la edad adulta más fácil de rastrear. No sólo vivir tu propia vida, sino tener la capacidad de pagarla por ti mismo.
De ahí la importancia de que los jóvenes comiencen a aprender educación financiera cuanto antes, ya que de ello depende que adquieran los conocimientos que les servirán para adentrarse con éxito en la edad adulta.
Y es que cuando una persona es consciente de la importancia del conocimiento de las finanzas personales, comienza a aprender valores como el ahorro, la frugalidad controlada, la inversión o las oportunidades de negocios, así como la asimilación de riesgos, toma de decisiones económicas, etc… y esto, por sí mismo, ya te hace más adulto y maduro.
Recuerda que son muchos problemas los que podemos encontrar cuando somos jóvenes, y a pesar de que “el dinero no es lo más importante”, lo cierto es que la mayoría de los problemas y calentamientos de cabeza en la edad adulta, vienen por la falta de dinero o la incertidumbre del futuro económico, lo cual impide que hagamos muchas cosas que nos gustaría hacer.
4. Saber decir adiós
Pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor hace que, como se suele decir, nos duela el alma. Nos impide soltar, dejar ir. Y nos sume en el pánico a un abismo que nuestros ojos se empeñan en ver demasiado profundo.
Las personas emocionalmente maduras saben que la vida es mucho mejor si se vive en libertad. Así que, dejan marchar lo que ya no les pertenece, pues comprenden que mirar al pasado nos impide cerrar etapas y cicatrizar nuestras heridas emocionales.
5. Mirar, sin dolor, hacia el pasado emocional
Las personas emocionalmente maduras conocen la importancia que tiene vivir en el presente, superando y aceptando lo que sucedió. Lo que pasó, pasó; y, de una forma u otra, tenemos el derecho de aprender de ello y seguir.
6. Saber lo que se piensa y lo que se siente
La madurez emocional ayuda a alcanzar una conciencia especial de los pensamientos y los sentimientos propios y ajenos. De hecho, es probable que las personas emocionalmente maduras se esfuercen por escribir y pensar sobre qué opinan de algo o sobre cómo se sienten.
7. Dejar de quejarse
La queja puede meternos en laberintos oscuros que no tienen salida. Somos lo que pensamos, y eso las personas emocionalmente maduras lo han experimentado. Si actúas más y te quejas menos significa que estás creciendo emocionalmente.
8. Empatizar sin sentirse abrumado por las emociones ajenas
Las personas maduras emocionalmente son capaces de gobernar y manejar sus emociones y las que les contagian. Eligen lo que quieren conservar y lo que no, lo que les ayuda a ser muy eficientes en la labor de escucha.
9. No castigarse por cometer errores
Las personas emocionalmente maduras no se castigan por tener limitaciones, las aceptan y trabajan para mejorarlas. No insisten en que las cosas siempre salen bien, ya que saben que no todo es de color de rosa y que cada golpe puede ser una buena oportunidad para crecer.
10. Aprender a abrirse emocionalmente
Disfrutan tanto del tiempo en soledad como del tiempo compartido.
Como hemos visto, la madurez emocional permite tomar las riendas de la vida, tener una visión propia del mundo y una gran ambición para el éxito. Constituye todo un proceso de crecimiento personal en el que la persona se hace más responsable de sus emociones
La valentía de ser adulto
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, también encontramos ejemplos de adolescentes con edades muy tempranas, actuaron con valentía, compromiso y responsabilidad contigo mismo y con los demás, ejercieron como adultos, con la ayuda de Dios.
Aunque recordamos a casi todas las personas más conocidas del Antiguo Testamento por lo que hicieron como adultos, a veces podemos descubrir pautas sobre cómo fueron esas personas extraordinarias durante sus años de adolescencia. De hecho, descubrir qué decidieron y eligieron hacer cuando crecían puede ayudarte a vivir tu vida hoy.
Si quieres descubrir y conocer algunos de ellos, acompáñame ahora.
