La autoridad “se tiene” y “se gana”
Todos los padres hemos estado en un momento dado viviendo momentos difíciles, preocupados por algo que sucede con nuestro hijo adolescente.
Puede ser algo íntimo:
– No tiene confianza en sí mismo; es bastante tímido, inseguro, dependiente.
Puede ser alguna conducta inadecuada que haya realizado y por la cual, en el Instituto, hayan tomado cartas en el asunto:
– Mantiene un ausentismo escolar bastante alto o ha suspendido algunas materias.
O también pueden ser otros comportamientos igual de preocupantes como:
– Toma dinero en la casa que no es suyo.
– Regresa muy tarde a casa.
– Tiene amigos que no hacen nada durante el día.
– Se encierra en sí mismo y rehúye la convivencia familiar.
Y con todo esto o cosas semejantes piensan que:
– Su hijo no va a ser nadie en la vida.
– Ya no los quiere.
– Han fracasado en su educación.
– Lo han perdido.
Todos estos pensamientos los pueden llegar a tener porque han intentado imponer alguna medida de disciplina, lo han tratado de aconsejar, y esto no ha resultado.
Los padres tenemos la responsabilidad y el compromiso de dar a nuestros hijos una educación que promueva su desarrollo integral. Esta intención debe dirigir todos nuestros actos, nuestras actitudes y, en general, todas las relaciones que mantenemos con nuestros hijos.
Ese compromiso es el fundamento de nuestra autoridad sobre ellos.
De acuerdo con la Academia de la Lengua autoridad significa “potestad, facultad. Poder que tiene una persona sobre otra que le está subordinada. Persona revestida de algún poder o mando.”
En el caso de la familia, se refiere a la prerrogativa que tienen los padres en su condición de adultos, de dirigir de la mejor manera el desarrollo de las capacidades de los hijos para lograr su futura autonomía. Los padres, al ser los primeros educadores, tienen la responsabilidad de brindar un servicio: pensando, informándose, decidiendo y comunicando claramente la manera de mejorar la autonomía y la responsabilidad de los hijos, por lo que se establece que la autoridad es un servicio en bien de la formación de los hijos.
Esta autoridad que los padres tienen al nacer nuestros hijos debe ir disminuyendo en su ejercicio y exigencia en la medida que crecen y alcanzan mayor madurez, siendo más libres y responsables.
Educar es ejercer la autoridad respetando la libertad, pues el educador es quien ofrece al educando una guía firme que prohíbe, permite, persuade y ordena.
Toda autoridad debe poseer autodominio y prestigio.
Hay que distinguir entre la autoridad que se “tiene” por el solo hecho de ser padres y la autoridad que se “gana” por el prestigio de nuestra forma de actuar, por el respeto a la otra persona, por el conocimiento de sus necesidades y sus capacidades. La genuina autoridad nace de la congruencia, de la autenticidad. No se trata de imponer lo que se debe hacer, sino de hacerlo desear.
La autoridad se pierde, se conserva o se recupera por el modo de comportarse. La autoridad paterna debe ejercerse con serenidad, perseverancia, sin dramas ni juicios, con sentido del humor, sin alterarse y dando razones claras y precisas, de tal manera que solo con el ejemplo los padres pueden tener influencia con los hijos.
Tiene prestigio quien
1. Mantiene una línea de actuación congruente.
2. Gradúa la exigencia.
3. Es firme en lo fundamental.
4. Es flexible en lo opinable y lo secundario.
5. Es optimista.
6. Es comprensivo.
7. Tiene buen humor.
8. Tiene una actitud positiva ante el trabajo.
9. Conoce lo que enseña.
Ser padre es un trabajo directivo. Por ser quienes dirigen, el padre y la madre tienen autoridad.
No existen recetas para saber mandar, pero si hay algunos consejos que dan buenos resultados. La autoridad debe tener estilo para mandar.
Tiene estilo quien se respeta a sí mismo y a los que manda como personas y como tal es respetado por los demás.
Hay estilo en quien no se masifica, en quien defiende un criterio recto a pesar de que la mayoría piense y actúe de diferente manera. Cada padre tendrá su estilo propio de acuerdo a su forma de ser. Ese modo de ser y de luchar por mejorar se refleja en la forma de trabajar. Lo que se hace, hay que hacerlo bien
La autoridad “se tiene” y “se gana”
Cuando vamos a la Palabra de Dios, enseguida encontramos la Autoridad de Dios a todo lo largo de ella, un par de ejemplos en relación con Jesús de Nazaret
Lucas 4:32 “Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad”, donde las personas de esa época daban este testimonio.
Marcos 1:27 “Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?”
Al igual que nosotros como padres, Dios también se ha autoimpuesto la responsabilidad y el compromiso de darnos una educación que promueve nuestro desarrollo integral, y ese compromiso es el fundamento de Su Autoridad sobre nosotros.
Por eso nos pide que nos acerquemos a Su Palabra y conozcamos la forma en que Él usa Su Autoridad y nos habla para que podamos reconocerle en todas las cosas que nos indicará.
