Oímos pero no entendemos
En los ojos tenemos párpados y cuando queremos lo podemos cerrar y dejar de ver
Pero nuestro oído está constantemente escuchando, están siempre abiertos, expuestos a todo, son nuestros centinelas que nunca descansan
La sensibilidad del oído humano es increíble, porque puede distinguir todo tipo de sonido, y filtra lo que no desea para prestar atención a lo que interesa realmente.
Haz un ejercicio de forma consciente: Ve por ejemplo a un sitio donde haya muchos tipos de sonidos, una plaza, un parque, un centro comercial, apunta los tipos de sonidos que llegan a tus oídos, y luego en un momento dado intenta prestar especial atención a la conversación de dos personas en medio de ese ambiente cargado de sonidos.
Con la Palabra de Dios seguimos el mismo proceso, la abrimos, la leemos, pero estamos en medio de muchos sonidos, unos vienen de fuera y otros viene de nuestro interior, esas voces que en otro momento están apagadas, pero que curioso que ahora hablan muy alto.
Pero por fin en la práctica de la lectura de la Biblia, ya podemos centrarnos, ya podemos leerla y oírla sin ruidos alrededor, es más profundo todavía, ahora parecemos esas personas que acuden a un concierto de música clásica o una ópera donde hay un silencio profundo y sólo se escucha la obra, y donde la aparición de un leve sonido como una tos, causa un momento de mucho malestar.
Ahora has pasado de oír a escuchar, es el primer paso, pero aún tenemos que dar otro paso, el paso de entender lo que oímos, lo que leemos en la Palabra de Dios.
Y es aquí en donde te invito a que terminemos este punto, para conocer cómo podemos entender la Palabra de Dios.
