Todos queremos conocer el futuro.

El futuro es aquello que creemos va a existir o va a suceder en un tiempo posterior al presente.

Cada uno de nosotros puede construir en su mente tantos futuros como variables (experiencias, deseos, sueños, proyectos, personas, etc), queramos incluir en su creación.

Algunos expresan esos futuros en libros, películas, etc, pero no dejan de ser futuros de ficción, por muy horrorosos o alentadores que nos parezcan.

Algunos seleccionamos el futuro que creemos es el ideal para nosotros y orientamos nuestros pasos en esa dirección, pero se escapan variables o aparecen otras que no tuvimos en cuenta y al final acabamos diciendo “esto no es lo que yo había pensado, o lo que yo había deseado”.

Por eso muchos vivimos o sobrevivimos el día a día, intentando administrar las variables que van saliendo, con la esperanza y el deseo que el mañana sea mejor que el día de hoy.

Y de esta forma avanzamos ante la rapidez de la vida con muchos interrogantes sobre el futuro, tomando decisiones rápidas, que nos producen un terrible miedo ante la variedad de caminos, sin preguntarnos por el sentido de nuestro caminar, sin preguntarnos por qué y para qué caminamos o vivimos y sin preguntarnos a dónde nos van a llevar.

Por eso la Biblia que es la Palabra de Dios, sale a nuestro encuentro con un mensaje y una enseñanza, para que tomemos decisiones correctas hacia el futuro que Dios ha diseñado y creado.

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