Soy digna de amor
La aventura de nuestras vidas comienza por un amor incondicional hacia nosotros mismos. Puesto que somos la única persona con la que irremediablemente tendremos que convivir mientras vivamos. Amarse a sí mismo, pasa ante todo, por la aceptación de lo que somos; con nuestros errores y nuestros éxitos, nuestras luces y nuestras sombras.
Sabemos que amarse a sí mismo, no resulta sencillo, y que además hemos sido educados bajo exigencias y mandatos que debemos cumplir para obtener el reconocimiento social. Luchando por la admiración de los demás para llegar a sentirnos en conexión.
Con el tiempo experimentamos cómo depender del reconocimiento de los demás nos hace tremendamente infelices, nos genera una insatisfacción que no sabemos cómo abordar, ya que nuestro mundo gira en función al trato de otras personas.
Supone mucho esfuerzo comprender que nuestro valor personal va más allá del reconocimiento, más allá de si hacemos mal o bien las cosas, de si conseguimos generar los resultados esperados, de si estamos haciendo o no lo correcto. Nuestro valor reside en nosotros mismos, en mostrarnos tal y como somos y sentir que somos dignos de amor a pesar de todo.
Todas las personas somos dignas de amor. Pretendemos muchas veces buscar el amor fuera de nosotros, puesto que nos han enseñado a que hay que ganarse el amor. Bajo las consignas de lo que hay que conseguir, lo que hay que hacer, y cómo hay que hacerlo.
Nuestro ser está impregnado de amor, aunque acostumbramos a vivir fuera de nosotros, y esto tiene graves consecuencias. Cada vez nos resulta más complicado escuchar nuestras necesidades básicas; como expresar nuestras emociones que han sido socializadas y reprimidas.
Nos preocupamos y distraemos por asuntos banales que no nos enriquecen ni nos aportan nada importante en nuestras vidas. Sufrimos debido a nuestras expectativas, nuestro insaciable deseo, y nuestra incapacidad para tomar decisiones; debido a todos los temores que hemos aprendido.
“¿Qué es el amor? preguntó el discípulo.
La ausencia total de miedo, dijo el maestro.
¿Y qué es a lo que tenemos miedo?, volvió a preguntar el discípulo.
Al amor, respondió el maestro.”
-Anthony de Mello-
El primer paso para poder realmente amar con pureza, pasa por amarse a uno mismo; sentirse digno de amor. Sin juzgarnos, para poder comprendernos y respetarnos. Validando como nos sentimos, como nos encontramos y lo que necesitamos en cada circunstancia. Atendiéndonos y cuidándonos.
En muchas ocasiones, estamos desconectados de nuestro ser, no nos estamos atendiendo, y no queremos ver lo que nos hace falta. Entonces todas nuestras energías van a parar al cuidado de los demás. Ofreciendo la comprensión y atención que no estamos dispuestos a darnos a nosotros mismos. Perdemos así nuestro amor propio y llenamos de esa forma nuestro gran vacío.
Imprescindible es amarse para poder amar, y también, a su vez, es importante amarse para poder recibir el amor de otra persona; confiar en el amor que nos puedan ofrecer. No podremos estar receptivos a todo lo bello que las demás personas nos aportan, si no aprendemos a sentirnos dignos; si no comenzamos por amarnos a nosotros mismos.
Sí, estas palabras son para ti que dispones de todo el amor a tu alcance
Has aprendido que hay que ganarse el amor, que el amor tiene una serie de condiciones y que hay que hacer un gran esfuerzo para ser merecedora y digna de él. Es por esto por lo que desconfías de todo lo bello que te ofrecen, es por esto por lo que te puedes llegar a sentir sola.
Porque no te has visto, no has reconocido tu esencia, no has captado la luz que irradia tu sonrisa y tu mirada. Eres una persona maravillosa que se lo merece todo, digna de un amor infinito; merecedora de gratitud, sonrisas, alegría, armonía, bienestar; y todo lo hermoso que te rodea. Y sobre todo, eres merecedora y digna de ti, de todo el amor que albergas en tu interior.
Porque cuando hablamos del amor no estamos hablando de ser narcisistas. Tampoco hablamos del uso constante del “yo, yo, yo” ni de vivir pensando únicamente en nuestros intereses propios. Cuando nos referimos al amor tampoco estamos haciendo hincapié en luchar contra el mundo para poder expresarnos o conseguir aquello que queremos.
Hoy hablamos del amor propio. Aquel amor que nos permite mirarnos a nosotros mismos con cariño y respeto a lo que hemos sido, somos y queremos ser. Aquel que nos permite y nos facilita ser dueños de nuestro poder, mediante el diálogo sincero con nosotros mismos.
El amor propio y la autoestima son elementos imprescindibles para que cualquiera de nosotros llevemos una vida satisfactoria y plena. Muchos de nosotros no hemos sabido querernos de forma sincera, lo cual nos lleva a no conocernos del todo, ya que perdemos el interés por nosotros mismos.
Pero, cuando aprendemos a amarnos iniciamos el camino del autoconocimiento, la aceptación y el trabajo que nos permite sentirnos seguros con aquello que nos hace sentirnos completos. Te permites romper con aquello que te limita y no te permite vivir libre.
Cuando nos damos cuenta de lo especiales que somos simplemente por ser nosotros, terminamos por admirarnos.
Entonces es cuando te amas a ti mismo con todo tu ser y sientes que:
– Dejas ir la culpa, vergüenza y la ira. Tus mejores amigos se convierten en el entendimiento, la creación y el poder en nuestras vidas.
– Sientes, escuchas y crees en tu poder. No importa lo que los demás piensan o dicen de ti; lo que importa es cómo nos sentimos acerca de nosotros mismos.
– Te sientes en paz. Te aceptas a ti mismo, con tus propias fortalezas y debilidades de forma incondicional.
– Te haces responsable de tu vida, sintiendo que tú mismo eres la fuente de la felicidad que deseas y sientes. Entonces es cuando descubres que eres el origen para cambiar cualquier cosa que desees, tu futuro, relaciones, valores personales. Cualquier situación que necesites.
– Te sientes uno con el mundo, y no tienes miedo a la soledad. Comienzas a proteger, cuidar y valorar la vida y la naturaleza que te rodea y forma parte de ti.
– Te permites valorar el mundo donde vives y realizar tu deseo o meta vital.
– Cuanto más te miras con amor, más practicas el amor y la aceptación hacia los demás. Te permites dejar ir pensamientos que niegan y crean barreras en tu propia realidad, convirtiéndote en un apasionado de lo que en realidad es.
– Aceptas los errores y fracasos, haciendo participe a la vulnerabilidad en tu vida. Empiezas a ser humano.
– Te sientes suficiente y no tienes la necesidad de compararte o superar a los demás. No necesitas la aprobación material de nadie.
– El miedo ya no es tu verdugo. El saber que el amor es el poder más fuerte de todos hace que no temas a nada. Elegir el amor sobre el miedo permite que seas un alma y ser libre.
– Amarte a ti mismo significa ser consciente de aquellos pensamientos que te están generando algo negativo, y cómo reaccionamos cuando los pensamos o sentimos. Nos preguntamos su “para que” y decidimos sentirnos bien y darles un giro para ello.
– Te sientes seguro. Amarte a ti mismo significa saber que siempre vas a estar ahí para ti. Nunca te abandonarás.
– Brillamos de forma natural sin un trabajo o lucha para ello.
– Somos libres para crecer y alimentar a todas las personas que se encuentran a nuestro alrededor. Nos sentimos grandes espiritualmente e internamente. Cuanto más crecemos, más esparcimos el amor y la alegría.
Cómo decía Lucille Ball “Ámate a ti mismo primero y todo lo demás vendrá a continuación. Realmente tienes que amarte a ti mismo, para conseguir hacer algo en este mundo.”
Soy digna de amor
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos dos mandamientos en uno en Mateo 22:37-39 “Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
Amar a Dios, amar al prójimo es posible, pero amarte a ti mismo también puede ser posible con la ayuda de Dios.
Ahora si me acompañas veamos esto desde la misma Palabra de Dios.
