Ya has visto cómo te miro.
Ahora quiero que descubras
qué ocurre cuando te acercas.
Una vez, dos hombres
me vieron pasar.
Habían estado escuchando a Juan hablar de mí.
No sabían todavía quién era yo.
Pero quisieron acercarse.
Me siguieron.
Yo me volví hacia ellos
y les pregunté:
«¿Qué buscáis?»
Ellos no tenían una respuesta preparada.
Solo querían saber dónde estaba.
Entonces les dije:
«Venid y ved.»
No les pedí que creyeran antes de conocerme.
No les expliqué todo lo que tenían que saber.
No les pedí que confiaran en mí
antes de haber caminado conmigo.
Simplemente:
«Venid.»
«Ved.»
Y fueron.
Pasaron aquel tiempo conmigo.
Caminaron conmigo.
Me escucharon.
Me hicieron preguntas.
Y poco a poco
fueron descubriendo quién era yo.
Quizá contigo pueda ser así.
No tienes que saberlo todo.
No tienes que tener una gran confianza.
Quizá solo tengas una pregunta.
O un poco de curiosidad.
Puede ser suficiente
para dar un primer paso.
No te voy a pedir que confíes en mí.
Quiero que descubras por qué puedes hacerlo.
Camina conmigo.
Mírame.
Escúchame.
Descubre cómo trato a las personas.
Y deja que la confianza crezca
a su propio ritmo.
Las cosas que crecen
también comienzan pequeñas.
No tienes que ir más deprisa.
Solo da un paso.
Ven.
Mira.
Caminemos.


