¡Quiero que estés conmigo!
Cuando decimos “Quiero”, estamos expresando el deseo, la voluntad o la intención de hacer, poseer o lograr algo. En este caso está relacionado con tener una relación muy cercana con otra persona.
Y aquí es cuando aparece el dicho que ‘las acciones hablan más que mil palabras’, pues las palabras, a pesar de tener gran impacto en nosotros, no representan una garantía de algo concreto, porque, ¿Cómo estar completamente seguro de que esos deseos sean correctos? No podemos. Por eso las palabras siempre deben ir acompañadas de acciones que las respalden y que den fe de que lo dicho es cierto.
Pero también existe otra trampa, cuando las señales o acciones de la otra persona nos confunden o las interpretamos mal, causando malos entendidos o errores graves. Por eso es importante tomarse tiempo para observar y analizar sus acciones y su lenguaje corporal a fin de afianzar la seguridad que necesitamos.
¡Quiero que estés conmigo!, a veces en vez de decirlo abiertamente, lo expresamos enviando señales que la otra persona usa como si de un juego de detectives se tratara, buscando y descifrando sus intenciones. Algunas de estas señales son:
1. Muestra mayor dedicación, más tiempo, más interés, más preocupación.
2. Existe mayor comunicación, conversaciones fluidas y agradables, transmite tranquilidad, ambiente relajado.
3. Existe mayor confianza, compartir el día a día de cosas personales, buscar consejo y ser refugio y motivador.
4. Te convierte en una prioridad, aparta, cambia y reserva en su agenda el tiempo que necesita para estar contigo.
Bueno esto es solo a modo de orientación, seguro que encontrarás argumentos y expresarás ese deseo de ¡Quiero que estés conmigo! de una forma más personal.
¡Quiero que estés conmigo!
Es el deseo de Dios para ti y para mí, y El también lo ha demostrado con estas acciones, entre otras muchas:
– Creó todas las cosas visibles e invisibles, para que pudiéramos disfrutar de cada una de ellas.
– Envió a su Hijo al mundo, porque estábamos perdidos en nuestros delitos y pecados.
Cargó en Él el pecado de todos nosotros, para que pudiéramos acercarnos y reconciliarnos con Él.
– Llevó a su Hijo a la cruz para morir por nosotros, para que su sangre nos limpiara de todo pecado.
– Preparó un lugar para nosotros en los lugares celestiales, para así tenernos en comunión el Él, por toda la eternidad.
¡Quiero que estés conmigo!, ¿Será también nuestro deseo para con Dios?
