¿Vives en la culpa o la amargura?
Hay dos grandes enemigos que vienen contra el alma humana, contra el espíritu humano, y esto es lo que hace que vivamos espiritual, física y psicológicamente en el polvo, uno de estos enemigos son la “culpa” y el otro es la “amargura”.
La etimología de la palabra amargura tiene que ver con algo punzante, con veneno. Una persona con amargura en su corazón destila veneno, perfora el alma de las personas con sus palabras y es punzante como un cuchillo. La amargura es algo muy común y en algún momento todos la hemos probado.
La amargura es una forma de depresión. Todo lo ve desde una perspectiva negativa y suele tomar el papel de víctima, por eso busca vengarse con todos. “¿Por qué a mí? ¡Siempre me pasan estas cosas!”
La amargura es falta de perdón, es revivir la ofensa cada día aunque hayan pasado mil años.
Cómo actúa la amargura en nosotros:
1.- No refrena su boca: Saca todo lo que trae en su alma y empieza a herir.
2.- Crítica: Una persona con amargura critica todo de los demás.
3.- Se queja todo el tiempo: Una persona amargada todo lo ve mal.
4.- Maldice: Maldecir es hablar mal en contra de alguien. Esto es lo que una persona amargada hace cuando carga resentimiento en su corazón. Una persona que maldice no puede bendecir
5.- La amargura hace perder el ánimo: ¡Qué horrible! Imagínate no poder disfrutar de una deliciosa comida por amargado.
6.- Te hace llorar y no orar: En los momentos de amargura a veces no te salen las palabras para orar, o no tienes ganas. Al no orar, te apartas del Señor.
7.- Roba toda tu atención: No puedes mirar otra cosa. Una persona amargada se pregunta “¿por qué a mí? ¿Por qué me tratan injustamente?
8.- La amargura contamina: Una raíz de amargura se entierra en lo profundo de tu corazón y las personas alrededor tuyo corren el peligro de ser contaminados.
9.- A la amargura no le importa perder relaciones importantes: Una persona amargada se aferra a la ofensa.
La amargura no solucionada puede durar para siempre. ¡No te resignes a una vida de amargura!.
El otro enemigo es “la culpa”, y quiero invitarte a que conozcamos más de cerca a este enemigo y veamos que hacemos normalmente con la culpa y lo que Jesús quiere que hagamos con la culpa.
Porque hay un antídoto para la amargura y la culpa, y ese antídoto es la Palabra de Perdón
