“Dos corazones sintonizados“
En algún momento, todos hemos apoyado la cabeza en el pecho de la persona a quien queremos para disfrutar del simple sonido del latido de su corazón. Y la verdad es que nos abstraemos tanto con ese dulce y tranquilizador ritmo, que no nos paramos a escuchar el son que lo acompaña: nuestro propio corazón. Como bien dijo John Keats, “dos almas pero un único pensamiento, dos corazones que laten como uno solo”.
Antes de comenzar quiero decirte una cosa curiosa, y es cuando las tortuguitas se ponen de acuerdo para sincronizar su eclosión, y de esa forma salir todas a la vez y asegurar así su supervivencia.
Un grupo de científicos descubrieron que los embriones de las tortuguitas son capaces de sincronizar el ritmo de sus corazones, comunicándose a través de ellos todavía dentro del huevo. Aquellas más desarrolladas marcan el compás de crecimiento de las más atrasadas, que lo adaptan para coger el ritmo y poder nacer todas al mismo tiempo.
Finalmente en un crescendo asombroso el ritmo de corazón sincrónico del grupo marca la señal de eclosión compartida que asegura en buena medida la mayor supervivencia posible de todo el grupo.
Esto nos muestra lo increíble que es la inteligencia del corazón. Cuando pensamos en la madre y el feto, apreciamos que ya desde las primeras semanas tras la concepción, el ritmo cardíaco materno influye sobre la construcción y la estructura neuronal del feto.
Embriológicamente, el corazón viene primero. Antes incluso que el cerebro. El sistema cardiovascular es el primer sistema orgánico funcional del embrión. Su formación comienza tan pronto como en la segunda semana de gestación.
Una pequeña masa de células musculares temblorosas va adoptando poco a poco el que será su ritmo, marcado por el latido del corazón de su madre que va coordinando el movimiento simultáneo de todas ellas. Y ya desde el día 20 entra en funciones, y se hace visible con la ecografía desde el día 23.
Aunque el pequeño embrión no es parte de la madre, pues tiene un 50% de material genético del padre, y en señal de agradecimiento a la madre, el feto le regala un grupo de células propias que atraviesan la plaqueta y se instalan en los órganos de la madre.
Ese regalo, el microquimerismo, almacena en diversos tejidos de la madre células del feto que constituyen una fuente de rejuvenecimiento y regeneración privilegiada de tejidos lesionados. Cuando el corazón de la madre enferma, entonces esas células, largo tiempo acumuladas y con capacidades pluripotenciales, viajan al corazón herido para regenerar las células cardiacas lesionadas.
El corazón tiene su pequeño propio cerebro, unas 50.000 neuronas que le hacen un órgano sensorial y un sofisticado centro de recepción y procesamiento de información con capacidad de sentir y pensar de forma independiente. Por eso desde esos primeros estadios de desarrollo el corazón del hijo ya es capaz de mostrar una especie de comportamiento inteligente e intencionado.
La ciencia ha demostrado que es posible registrar el electrocardiograma (ECG) de una persona en el encefalograma (EEG) de otra, siempre que esas dos personas estén en cercanía próxima y sobre todo si se encuentran en contacto físico.
El corazón gobierna el flujo de energía de todo el organismo, es el emperador del cuerpo humano y todos los órganos son sus subordinados. Desde el corazón, neuronas y neurotransmisores influyen sobre aspectos del pensamiento superior en el cerebro.
Una auténtica maravilla ocurre cuando un corazón se sitúa junto a otro y ambos sintonizan y acaban latiendo a la vez y compartiendo su ritmo.
Si esto ocurre en dos personas involucradas sentimentalmente como puede ser el matrimonio, entonces el orden generado se multiplica por seis, y todas esas emociones que se generan pueden ser reconocidas a través de su patrón particular de variabilidad de frecuencia cardiaca (VFC).
Las emociones que nos hacen sentir en desequilibrio (ira, frustración o ansiedad) se acompañan de ritmos cardiacos desordenados mientras que las que nos hacen sentir en equilibrio (agradecimiento, amor o compasión) se asocian a patrones coherentes altamente ordenados.
La sintonización entre corazones habla de su poder de adaptación y resonancia con el ritmo más armónico, lo que establece las bases de la relación, ya sea entre embriones de tortugas como al inicio, entre la madre y el feto, o entre la pareja formada por el matrimonio.
La sincronización entre corazones, constituye el primer ejercicio vital de adaptación en el matrimonio, y se refleja en la forma en que nuestras emociones tienen la capacidad de contagiar a la otra persona y ser contagiados por ella.
En algunos casos escuchar el latido del corazón de la madre previamente grabado sirve para mejorar la salud de los bebés prematuros
Los recién nacidos pueden recordar los latidos cardíacos maternos oídos en el útero. Y ahora podemos entender por qué escuchar el latido del corazón de la madre previamente grabado sirve para mejorar la salud de los bebés prematuros (respiran con mayor profundidad y regularidad, y aumentan más rápidamente de peso) o en periodos de hospitalización ( como poder analgésico frente a grandes dolores).
Mi esposa en casa lo hacía con nuestros hijos, ella se sentaba y se los ponía oyendo su corazón mientras comían o dormían, o mientras ella estudiaba, leía en voz alta, escuchaba música, preparaba material en voz alta para sus estudiantes, etc. Estoy seguro que en esos momentos ambos corazones latían al mismo ritmo.
Hoy como matrimonios os voy a pedir un ejercicio que lleva su tiempo. Ese ejercicio es llevar a nuestros corazones a través de emociones a tener un ritmo armónico para que podáis experimentar un latido al uníxono. Recordar no se produce de forma automática, tendréis que trabajarlo un poquito.
Cuando tengáis ese latido al uníxono, lo vais a grabar. – Sí has escuchado bien – Lo vais a grabar y lo vais a llevar encima como si fuera otra música más, porque seguro un día alguno de los dos lo necesitará escuchar cuando pase por momentos difíciles. A mí me hubiera gustado tenerlo en muchos momentos el latido de mi esposa, ella sola y al uníxono también.
“Dos corazones sintonizados“
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, vemos que Dios nos creó con un corazón que latía, que tenía vida, un corazón que le agradaba a Dios, pero el pecado corrompió ese corazón y ya no era del agrado de Dios.
Este corazón con el que nacemos y comenzamos a vivir está manchado por ese pecado, es un corazón que tiene vida propia, pero una vida alejada de la Voluntad y el Deseo de Dios, es un corazón rebelde, que no se amolda al corazón de Dios, ni se deja amoldad por Él.
Y nos damos cuenta que nuestra vida es una vida llena de dolor y sufrimiento y lágrimas, que claman una salvación.
Y es cuando Dios oye nuestro clamor y atiende nuestra petición, y nos pide que le demos ese corazón de piedra, para cambiarlo por un corazón de carne:
Proverbios 23:26 “Dame, hijo mío, tu corazón, Y miren tus ojos por mis caminos”.
Ezequiel 36: 26-27 “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra”.
Cuando nos damos cuenta de Quién es el que nos pide nuestro corazón, solo hay una cosa que hacer, pedirle que nos perdone.
Esta es la única forma en que podemos llegar a tener nuestro corazón y el corazón de Dios, sintonizando ambos en un latido unísono.
Llegar a ser conforme al corazón de Dios, es lo que Él desea para nosotros, porque hay muchas cosas que aún no conocemos de ÉL, ¿Cómo lo hace?, te invito a conocerlo desde el mejor lugar, recostados en el pecho de Jesús:
