“La disciplina dentro del matrimonio”

Hablar de disciplina en el matrimonio hace levantar la ceja a más de uno, pues olvidan que ‘disciplina’ se refiere al orden, método, educación; todos éstos conceptos indispensables para un matrimonio feliz. Porque la disciplina se presenta como el aliado de la felicidad en tu matrimonio.

El matrimonio está en peligro de extinción. Para algunos formar parte del pasado. Comprometerse, crear una familia, hacerse responsable de un hogar en pareja, desempeñar roles tradicionales, aceptar que fuimos creados en par y que en par es lógico y hasta deseable que llevemos nuestra vida, son todas ideas que se toman como error o muestra de bajas expectativas y poco criterio.

El matrimonio es un contrato, una promesa de la cual dejamos constancia en ceremonia civil y/o religiosa, donde aceptamos los derechos y obligaciones que implican vivir en pareja, y que además ante los ojos de la ley da garantías a dos personas que se aman y que desean vivir juntos. Y no sólo a ellos, sino también a su descendencia.

Menospreciar el matrimonio es menospreciar la institución de la familia, origen y base de toda sociedad. Es menospreciar el lugar que ocupas en la vida de tu cónyuge, y menospreciar lo que de esta relación emerge y que van desde cosas tan efímeras, como bienes materiales, hasta otras especiales y maravillosas como son los hijos.

No se trata de ser anticuados, se trata de amarnos. Pero no amarnos en la irresponsabilidad de irte a su cuarto y quedarte allí hasta que el enamoramiento acabe, sino amar con la cabeza además del corazón y de unir fuerzas como la pareja que son.

Si realmente los títulos no importan y da lo mismo firmar un papel que no hacerlo, ¿por qué entonces nos llamamos esposa o esposo ante todos aun cuando realmente no lo somos?

El matrimonio es una empresa, una sociedad, es una apuesta para nuestra vida y futuro. Uno no abandona a la primera dificultad, sino que invierte alma, corazón y vida para que al final de ésta contemos con algo de certidumbre.

Un matrimonio es contar con el compromiso el uno con el otro, que no rehúye ante los problemas o circunstancias adversas. ¿Cómo confiar en alguien que en vez de pensar en un “nosotros”, sólo ve la conveniencia de un “yo”?

Cuando se habla de las ventajas de la unión libre, lo primero que se menciona es el poder desentenderte con facilidad al momento de darla por terminada, el no tener obligaciones legales para con esa persona. Eso es sólo el reflejo de que no se da importancia a las obligaciones morales, pues alguien comprometido no querría deshacerse de ti con facilidad.

Si se aman y están destinados a pasar el resto de sus vidas juntos, lo harán con o sin papel de por medio, pero sí de paso puedes adquirir elementos que fortalezcan tu certidumbre respecto a esa relación, que beneficien la calidad de vida tuya y de tu descendencia, ¿por qué no buscarlos?

La vida sin reglas es un caos y lo mismo pasa con todo lo demás, incluyendo las relaciones interpersonales y especialmente el matrimonio. Una pareja que no es capaz de poner límites, tarde o temprano terminará presa del desorden y la confusión emocional. ¿Quién eres?, ¿cómo debo verte?, ¿qué debemos esperar de nosotros?, serán preguntas sin respuesta en una relación anárquica.

Cuando nos comprometemos a crear un hogar debemos aceptar que éste necesita bases firmes. Estas son, precisamente, nuestro comportamiento y compromiso en la relación. Casarse no es sinónimo de posesión, pero sí de adhesión: no podemos estar juntos y actuar separados.

El problema de muchas parejas es la incapacidad de ser constantes en las decisiones y en las emociones. Por eso, aunque suene a castigo o sea un término que emplearíamos para educar a nuestros hijos, la disciplina en el matrimonio no solo es pertinente, sino necesaria, pues implica la forma en que llevamos nuestra vida y de allí que venga a cuento en el matrimonio.

¿Qué te parece si revisamos algunos conceptos de esta disciplina en el matrimonio?

1. Aprender a estar casados

Así como las profesiones necesitan estudios que garanticen nuestra pericia, en el matrimonio es igual. Necesitamos ir aprendiendo de los errores y los aciertos. Tener la disposición para eliminar los primeros y aplicar los segundos.

2. Diferenciar los derechos y obligaciones, propios y ajenos

“El respeto al derecho ajeno es la paz”, esta frase de Benito Juárez, es una máxima cargada de sabiduría que todos deberíamos poner en práctica. Debemos tener claro dónde inician y terminan nuestros derechos y los de nuestra pareja; sobre todo, respetar ambos.

3. Ser rectos en nuestro comportamiento

Las tentaciones, las emociones desbordadas, los vicios, todo esto fuera de control es capaz de acabar con cualquier relación. Un matrimonio requiere disciplina para ser íntegro consigo mismo.

4. Cumplir con el pacto que es el matrimonio

Decir pacto es decir acuerdos, y éstos no funcionan si no se cuenta con el rigor necesario para cumplirlos. Comprometernos con nuestras decisiones, hará toda la diferencia en el empeño de hacerlo funcionar.

Para ser considerada una persona disciplinada, tiene que existir fortaleza en el carácter, ser capaz de dominar la voluntad y, por sobre todas las cosas, ser constante y estar acostumbrado a observar y cumplir las reglas definidas. Alguien carente de algunos de estos requisitos debiera replantearse si está preparado para el casamiento.

Para que algo alcance su máximo potencial es imprescindible ser perseverante. No se me ocurre mejor manera de atesorar un matrimonio que hacer de la disciplina el aliado que nos haga amar y respetar, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la prosperidad. Todos los días, hasta que la muerte nos separe.

“La disciplina dentro del matrimonio”

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios encontramos que ¡Hay una unidad asombrosa en el matrimonio!, donde ambos tienen sus propias disciplinas para aplicar en el matrimonio.

La afirmación de que el hombre y la mujer son “una sola carne”, indica algo de la profundidad psicológica y espiritual del matrimonio: un intercambio de almas”. Por ese motivo, recuerda que ambos sois una sola carne, y lo que tú experimentas también lo experimenta tu cónyuge. El apóstol Pablo habla de esta unidad asombrosa en el matrimonio, incluso llamándole

“misterio” cuando dice: “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio;…” (Efesios 5:31,32).

Ahora solo una cosa antes de seguir adelante. Cómo marido que estás leyendo esto, quiero que hagas un ejercicio y pongas en práctica estas tres disciplinas del amor en tu matrimonio y dirigidas hacia tu esposa. ¿Te atreves a realizarlas?. ¡Sí!, pues comenzamos:

I.- UN AMOR ABNEGADO.

Lo primero que observamos en la explicación del apóstol Pablo, es que dice a los hombres piadosos casados: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). El énfasis principal está en que Cristo es el ejemplo fundamental para el hombre casado. El apóstol recalca la manera “como Cristo amó a la iglesia” indicando que de manera similar así debe ser el amor de un marido para con su esposa. E inmediatamente presenta su primera descripción del amor de Cristo que debe ser el estilo del amor de un marido.

Así debe ser el amor de un hombre casado para con su esposa, un amor abnegado que consiste en estar siempre dispuesto a cualquier costo y ante cualquier obstáculo a dar y hacer todo lo necesario a favor de la esposa. Este amor abnegado, implica muchas veces hasta la necesidad de renunciar a cualquier compromiso que no sea con Dios que desvíe la atención hacia la esposa. Este amor abnegado, implica estar dispuesto a experimentar los malos ratos, la inseguridad, y hasta las desesperaciones que la esposa tiene. Este amor abnegado, implica la necesidad de orar a Dios por ella, pidiendo siempre bendiciones para que alcance sus buenos propósitos de vida, y para que Dios satisfaga sus necesidades personales ya sean espirituales o materiales. Es así como Dios espera que un marido trate a su esposa: “como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”.

II.- UN AMOR SANTIFICADOR.

Los versículos 26 y 27 de nuestra lectura sigue describiendo un segundo aspecto del amor de Cristo por la iglesia. No solamente “se entregó a sí mismo por ella” (v. 25), sino que tuvo un propósito muy especial para “ella”. Pablo dice que el propósito de Cristo fue: “para santificarla” (de aquí surge la disciplina del amor santificador), “habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, / a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:26,27). En el matrimonio, la esposa es como la iglesia que está siendo sacada del pecado hacia la gloriosa santidad. La esposa cristiana necesita ser guiada hacia la santidad, nada menos que por el esposo.

De ahí que el esposo piadoso debe amar la palabra de Dios, leerla, estudiarla, y compartirla con su esposa todos los días. Por supuesto que la esposa puede hacer esto por su propia cuenta, sin embargo, la responsabilidad principal es encomendada por Dios directamente al esposo.

III.- UN AMOR HACIA UNO MISMO.

Siguiendo el principio de la comparación del amor de Cristo por la iglesia, con el amor de un esposo por su esposa, dice el apóstol Pablo: “Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. / Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (Efesios 5:28-29). Solamente que ahora, siguiendo también el énfasis de la

importancia y necesidad de amar nuestra esposa, el apóstol Pablo recalca un detalle muy llamativo, pues dice que el modo de amar de los esposos debe ser: “como a sus mismos cuerpos”, e inmediatamente aclara que: “El que ama a su mujer, a sí mismo se ama”, y luego observa que “nadie aborreció jamás a su propia carne”, es decir, nadie está interesado en causarse daño a sí mismo en su propio cuerpo.

Son disciplinas que al realizarlas, como esposo serás un hombre más feliz, porque todo aquel que ama será siempre feliz; por eso, lo hombres casados amen a su esposa. Sean disciplinados en amarla.

Si quieres conocer más, te invito a acompañarme.

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