“Mirad mis manos”
Las manos son una parte vital de nuestro cuerpo porque definen quiénes somos y cómo nos vemos a nosotros mismos. Es una de las piezas más complejas y bellas de la ingeniería natural en el cuerpo humano.
Usamos las manos para desempeñar una gran variedad de funciones, al realizar actividades sumamente delicadas y precisas, así como otras labores pesadas. Esta versatilidad nos distingue de todas las demás criaturas del planeta.
La mano tiene una de las disposiciones musculares más extrañas del cuerpo ya que sus movimientos son mayormente controlados por músculos que no se encuentran en la mano, sino en el antebrazo que conectan a los huesos de los dedos por largos tendones que pasan a través de una muñeca flexible. Esta musculatura remota le da a los dedos un movimiento y fuerza que no serían posibles si todos los músculos tuvieran que estar conectados directamente.
En efecto, la mano es simplemente una marioneta huesuda, atada por ligamentos y controlada por el antebrazo. Pero esa disposición nos permite hacer bastante. En un extremo está la impresionante fuerza de las manos de un montañista. En el otro extremo, un concertista de piano necesita gran finura, que viene de unos músculos dentro de la mano llamados «intrínsecos».
Es en las manos en donde el sentido del tacto a través de sus receptores cutáneos (presión profunda, tacto, dolor y temperatura) nos permiten tocar, identificar y acariciar los objetos o personas a nuestro alrededor o que estén a nuestro alcance.
Las manos son parte importante de nosotros y desempeñan una función especial a la hora de comunicarnos que incluso las usamos en expresiones idiomáticas, ayudando de forma visual a muchas personas a expresarse cuando hablan. Y, por supuesto, son las manos las que, literalmente, hablan cuando una persona utiliza el lenguaje de signos.
Ahora llevemos este tema a la Palabra de Dios, y allí encontramos que cuando Dios nos creó a su imagen y semejanza, también nos dio unas manos, manos para crear, para amar, para ayudar…. Pero nosotros hemos usado estas manos para destruir, para odiar, para matar…
Y Dios que sigue mostrando su misericordia con nosotros, nos recuerda que ÉL envió a su Hijo Jesús, el cual extendió sus manos de amor y compasión a muchos como leemos en Su Palabra, pero el hombre, nosotros, no queriendo saber nada de Él, clavamos esas manos en la cruz del calvario.
Y aunque parece que todo se quedó ahí, no fue así, porque Jesús resucitó y estando con sus discípulos les dijo: Lucas 24:39 “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”.
Ahora me acompañas y vamos a mirad esas manos y lo que tiene para nosotros.
