Cuando dijimos el: “Sí, acepto”

Que mejor momento para comenzar que recordar aquel día 2/5/1992 cuando dijimos nuestro «Sí, acepto». Gracias mi amor por esos 20 años juntos. Nos vemos en los cielos.

La economía, la comunicación, la madurez, la confianza, el trabajo, el conocerse y el compromiso de cada una de las partes son las que intervienen para dar el “Sí, acepto”. Pero que lástima cuando en bastantes veces, el «Sí, acepto» se convierte en la mentira más grande y queda demostrada cuando al poco tiempo se firma el divorcio. Incluso algunos matrimonios dicen arrepentirse y consiguen anular su matrimonio a los pocos días, lo cual se le conoce como «Matrimonio al vapor».

El sueño de las mujeres es llegar al altar. En ocasiones las emociones superan la realidad y es lo que lleva muchas veces a tomar decisiones precipitadas que tienen grandes repercusiones; y lo mismo se aplica en caso de los hombres. Influye mucho la edad, la falta de madurez, la impaciencia… etc.

Hombres y mujeres se dejan llevar por sus emociones y creen que su amor es suficiente para que aquello de «Y vivieron felices para siempre» sea un hecho; pero, más allá del amor, ilusiones y el ver la vida color rosa existen muchos factores que influyen en que un matrimonio sea para toda la vida, porque es común ver en algunas parejas cometer el error de creer que todo problema que se tiene en el noviazgo será resuelto con el matrimonio.

Pero ese periodo de noviazgo quedó atrás, ahora estás en una relación de matrimonio, donde quizá estés sufriendo alguna de estas carencias, y es por eso que debes seguir algunos principios que pueden ayudar a que un mal matrimonio se vuelva bueno, a que un buen matrimonio mejore y a renovar un matrimonio que parece condenado al fracaso.

Estos principios no intentan ser un manual, solo son de sentido común, pero a la vez son profundos, extremadamente efectivos y pueden ser utilizados con éxito por cualquier pareja.

Veamos tres de estos principios: (Cuando “la otra persona” es también “la persona adecuada”), (Cuando damos importancia a “la compatibilidad”), (Cuando se trata de “nosotros”, no de “mí”)

– Cuando “la otra persona” es también “la persona adecuada”.

“La otra persona” es la parte de tu pareja que no te gusta. Pero lo importante aquí es saber que encontraste a “la persona adecuada” y toda persona adecuada viene junto con “la otra persona” que no te fue presentada al conocerla (o que sí te la presentaron, pero hiciste como que no viste este lado).

No hay dos personas que sean perfectas la una para la otra y, cuando las parejas se encuentran con “la otra persona”, se frustran con su matrimonio y con su pareja. La clave no es divorciarse, sino saber qué hacer cuando te encuentras con “la otra persona”.

¿Adivina qué? No eres el único que conocerá a “la otra persona”. Tu pareja también conocerá a tu “otra persona.” Entonces, ¿vamos a tener dos personas con dos buenas razones para separarse o divorciarse? ¿O vamos a tener dos personas que admiten que puede que no sean “perfectos”, o incluso que no son perfectos el uno para el otro, pero aun así se van a aceptar, respetar, honrar y mostrar afecto mutuamente pase lo que pase? Vamos a actuar con amor los unos con los otros. Así que aprecia y agradece que todavía tienes a “la persona adecuada” y piensa en lo que te gusta de ella.

– Cuando damos importancia a “la compatibilidad”.

¿Las parejas “compatibles” siempre tienen buenos matrimonios? No. ¿Las parejas “incompatibles” siempre tienen malos matrimonios? No. ¿Debemos buscar una pareja “compatible”? Sí.

En realidad, la compatibilidad no es el objetivo del matrimonio. El objetivo es tener una buena relación. Puedes ser muy compatible y tener muy poca relación. Después de todo, ¿tienes una relación profunda con todos aquellos con quien eres compatible? Muchas parejas trabajan para ser más compatibles cuando deberían estar trabajando en tener una mejor relación. Trabajar para ser más compatible es diferente a desarrollar una relación cariñosa. Después de todo, todos quieren amar y ser amados. Nuestra necesidad más profunda no es ser compatible, es amar; por lo tanto, mejorar la compatibilidad no necesariamente genera afecto y una relación más estrecha, sólo produce más compatibilidad.

¿Entonces qué significa esto? Significa que sin importar qué, necesitas trabajar para crear una mejor relación, no una mayor compatibilidad. No pienses que simplemente por “llevarse bien” ya tienes un matrimonio exitoso. Pueden llevarse bien, pueden ser compatibles y, aun así, tener una mala relación.

Los buenos matrimonios son buenos principalmente porque le dan importancia a la relación, no a la compatibilidad. Si tu matrimonio se basa en compatibilidad, probablemente estés sentado sobre una bomba de tiempo. Las cosas cambian en este mundo, cambias tú y cambian las situaciones. ¿Cómo te va a ir con estos cambios? No muy bien si basas tu matrimonio en compatibilidad, pero, si lo basas en la relación, resistirán bien las tormentas.

– Cuando se trata de “nosotros”, no de “mí”.

Es muy fácil convertirse en compañeros de cuarto y tener dos vidas separadas. Cuando te casas, tu vida debe ir del “yo” al “nosotros”. No siempre lograrás que las cosas se hagan como tu desees, pero tu relación será buena y finalmente serás más feliz gracias a ello.

Los conflictos se pueden resolver o prevenir fácilmente cuando se piensa en términos de “nosotros”, en lugar de “yo”. Si piensas en términos de qué es lo mejor para la relación, qué es lo mejor para el “equipo”, entonces los desacuerdos se convierten en acuerdos porque ambos están del mismo lado; quieren lo mejor para el equipo y no lo que es mejor para uno o para el otro.

Por ejemplo, si tu esposa dice “necesito que tengamos nuestra propia casa”, en lugar de evadirte argumentando cualquier respuesta, podéis ver la forma de cómo lograrlo, compaginando trabajos y tiempo juntos, de esa forma trataréis de resolver el problema juntos en lugar de estar discutiendo si es o no posible. Esto es apoyar, implicarte y participar en lo que es beneficioso para ambos, aunque en ese momento no lo veas así.

La conclusión es que, cuando te casas, tu vida debe ir del “yo” al “nosotros”. No siempre lograrás que las cosas se hagan en el tiempo o en la forma que desees, pero tu relación será buena y las posibilidades de éxito son mucho mayores si lo hacen juntos. Si te pones en su contra por su comportamiento, si guardas rencor o si dejas que aparezca el enojo hacia tu pareja, etc., no la ayudarás a mejorar. Si vas a amar a tu esposo o esposa, necesitas amar a toda la persona, lo bueno y lo malo.

Cuando dijimos el: “Sí, acepto”

Cuando vamos a la Palabra de Dios, encontramos este versículo en Génesis 2:18 “No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea para él». Y por eso decimos que el matrimonio es la intención y la invención de Dios para el hombre y la mujer.

El matrimonio establecido por Dios, es la unión de dos personas de diferente sexo que se unen por amor (y voluntariamente) estableciendo un pacto (compromiso o contrato) entre los dos hasta que la muerte los separe.

Se establece con el deseo de cumplir juntos el propósito de Dios, formando una familia según el orden establecido por Dios mismo para:

• fructificar,

• multiplicarse para darle a Dios hijos

• gobernar sobre la creación de Dios

• Adorar y Servir a Dios con mi matrimonio

Por ello es importante considerar desde el inicio del matrimonio, los cuatro principios bíblicos establecidos para tener un buen matrimonio que vemos en Génesis 2:22-25

“Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.

Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada.

Por tanto, [1] dejará el hombre a su padre y a su madre, y [2] se unirá a su mujer, y [3] serán una sola carne.

Y [4] estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”.

[1]. «El hombre dejará a su padre y a su madre…» – PRINCIPIO DE SEPARACIÓN

[2]. «Se unirá a su mujer…» – PRINCIPIO DE PERMANENCIA

[3]. «Y serán una sola carne…» – PRINCIPIO DE UNIDAD

[4]. «Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban…» – PRINCIPIO DE INTIMIDAD

Ahora si quieres profundizar más en este tema, te invito a que me acompañes:

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