Mi auto invitación

¿Alguna vez te has auto invitado a una casa sin que supieran que ibas a ir?

Yo sí, te cuento un poco como fue una de esas veces:

Era el año 1984, comenzaba a desarrollar una nueva profesión como analista-programador de informática y tenía mi lugar de trabajo en una habitación en casa de mis padres.

Nosotros no teníamos garaje, pero esa habitación tenía la misma funcionalidad, había pasado de ser la habitación de los juguetes, a la habitación en donde cada uno desarrollábamos nuestra faceta, taller, laboratorio, y ahora durante unos meses era un centro de desarrollo informático.

En esas fechas el mundo de la informática no existía de la forma que ahora lo vemos (los sistemas operativos, los lenguajes de programación, el internet, las comunicaciones, la informática de consumo, la robótica, la inteligencia artificial, etc.), parte estaba en formato embrión y parte parecía un futuro muy lejano todavía.

Existían otros sistemas operativos, y lenguajes de programación que ya no están con nosotros y que te obligaban a estar al día para analizar y ofrecerle al cliente lo que era mejor.

Aparte éramos pocas personas, lo que nos obligaba también a conocer el funcionamiento de diferentes sectores, diferentes tipos de empresas, diferentes apartados dentro de las empresas, para poder ofrecer un paquete completo de hardware y de software.

Fueron unos 25 años hasta que inicie otra actividad profesional diferente, pero muy interesantes donde pude participar de los primeros pasos en las comunicaciones, en la inteligencia artificial, en la robótica …

¡Bueno!, ¡bueno!, ¡bueno!, me parece que me estoy alejando del tema inicial, así que vuelvo.

Una tarde estaba trabajando, cuando me llega un olor a café recién hecho que me engancha cual dibujo animado, y me hace levantarme de la mesa, dejar todo, salir de casa y bajar las escaleras hasta los vecinos de la planta baja.

Llamo a la puerta y cuando me abren, les digo: “estaba trabajando y me ha llegado el olor del café recién hecho y he bajado a tomarte una taza con vosotros”.

En ese momento, me miré a mí mismo y seguramente me puse muy colorado y no reaccionaba a pedirles disculpas, pero cuál fue mi sorpresa, cuando en medio de esos pensamientos en mi cabeza, oigo que me dicen: «Entra Miguel que tenemos una taza más y también hemos sacado unas pastas nuevas».

Así lo hice, y pasé la tarde muy a gusto con ellos, hablando de muchas cosas, conociéndonos más, y las horas pasaban entre los dedos.

Después de aquello se creó una gran amistad que hoy aún dura y cuando voy a ver a mi madre y están ellos, siempre me invitan a entrar y tomar un café, recordando aquel día.

De vez en cuando hago esto, con personas con las cuales tengo confianza y siempre ha servido para mantener y reforzar lazos de comunión.

No sé si tú has hecho alguna vez algo parecido, pero la Biblia lo presenta como algo normal que hacía Jesús.

¿Quieres conocer la historia de uno de esos momentos cuando Jesús se auto invitó, cómo lo hizo y el resultado que tuvo?

Pues ya sabes, acompáñame en el enlace y que tengas un buen café si te lo tomas mientras lees esto.

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