Todos somos discípulos
El término «discípulo» significa originalmente un alumno (de un maestro) o un aprendiz (para un maestro artesano).
Hoy en día, el término de aprendiz se define como una persona que continúa su educación mediante un entrenamiento de trabajo con un maestro de su campo.
Recuerdo mi primer trabajo con 14 años, cuando comencé como aprendiz, o aspirante pues estaba en una oficina y mi categoría era aspirante administrativo, y mi trabajo consistía en estar al lado de mi superior y aprender y poner en práctica cada una de las cosas que me enseñaba. Y para conseguir realizar bien el trabajo solo me pidió una condición “obediencia”.
Para que el discípulo sea eficaz y eficiente de manera sostenible, debe involucrarse en el itinerario de su desarrollo profesional, y activar su motivación para llegar a experimentar la emocionante aventura del aprendizaje.
Benjamín Franklin dijo: “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”.
Y esto no es nuevo, pues todos hemos pasado por este proceso y ha sido nuestra pasión y el deseo como discípulos, y damos testimonio que la involucración con el maestro en la participación, motivación y emoción han sido esencial en nuestra formación efectiva.
Al igual que hace años, yo aplique obediencia, luego también mi superior supo aplicar esos otros pilares que me hicieron desarrollar todo mi potencial, como fueron:
– La INVOLUCRACIÓN: Ya no existen aprendices; el término suena vetusto y anticuado y sin embargo, cada día, todos lo somos un poco. Enseñar ya no es suficiente, el “aprendiz” debe ser parte integrante de su propio Proceso Formativo en el que debe de pasar de espectador a actor.
– La MOTIVACIÓN: No hay nada más complicado para un formador, que un “aprendiz” no motivado. La verdadera motivación surge de lo más profundo de uno mismo. Es la ratificación de la voluntad propia del individuo: El Por Qué y el Para Qué. Incluso, el Cómo. Estar motivado consiste en autogestionarse y superarse a uno mismo. Estar motivado significa tomar decisiones sobre uno mismo, significa pedir ayuda y también ser referente.
– La EMOCIÓN: Nuestro cerebro es capaz de emocionarse cuando aprende. La emoción conduce a la acción, la acción a la experiencia y la experiencia al aprendizaje. La tarea es entonces, proporcionar al “aprendiz”, emociones que proporcionen y faciliten el adiestramiento. Aprender no consiste en adquirir conocimientos inconexos y fáciles de olvidar. Aprender consiste en acumular experiencias de esas que se recuerdan siempre.
Un proverbio hindú dice: “Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos todavía más.”
¿Y la Palabra de Dios tiene algo que decir a los discípulos?, Mucho, mucho, y mucho.
– Jesús en Su Palabra se presenta el mismo y es presentado como El Maestro:
– Jesús el Maestro que ama su oficio, y enseña en cualquier lugar y a cualquier hora.
– Jesús el Maestro que ama a sus discípulos, y está dispuesto a sacrificar su comodidad y su privilegio y aún su propia vida por ellos.
– Jesús el Maestro que se adapta a dar su formación a grupos y también en forma particular dedicando el tiempo que sea necesario con cada uno de nosotros.
– Jesús el Maestro que rompe todas las barreras que encuentra de comunicación y que usa la discreción y responde todas nuestra inquietudes.
– Jesús el Maestro que usa un lenguaje sencillo y adaptado a cada uno de nosotros para enseñarnos verdades eternas con recursos y métodos y ejemplos rutinarios.
– Jesús el Maestro que enseña de una forma práctica porque tiene dominio y autoridad sobre lo que nos quiere enseñar a cada uno de nosotros, y lo más importante porque Él vivía aquello que enseñaba como ejemplo a seguir, de forma que transmitía entusiasmo, seguridad, confianza…
Hay mucho más acerca de Jesús como Maestro, y si te preguntas ¿Qué es lo que te puede enseñar?, pues solo decirte que Aquel que te creó, también te conoce muy bien, sabe lo que sientes, lo que piensas, por lo que estás pasando, y lo que necesitas en este momento, y por eso la enseñanza que recibirás de Él por medio de Su Palabra será personalizada, solo tienes que conocerle y para eso te presento un curso de 30 lecciones fáciles de realizar en:
Y ahora para aquellos que nos definimos como cristianos, tenemos un ejercicio que hacer junto a nuestro Maestro. Él está esperando porque quiere acompañarte en su realización para que no te encuentres solo. Así que no le hagamos esperar más. ¡Adelante, pues, como discípulo, donde la única condición es ser obediente!.
