¿Serás capaz de guardar un secreto?
Ningún mortal es capaz de guardar un secreto, como decía Sigmund Freud: “Todo el que tenga ojos para ver y oídos para oír se convencerá de que ningún mortal es capaz de guardar un secreto. Si sus labios callan, habla por las puntas de los dedos; hasta el último de sus poros lo delata”.
Todos, quien más quien menos, hemos guardado secretos. Secretos nuestros o de alguien cercano. De hecho, todos los secretos no son malos, algunos pueden ser positivos, como cuando ocultamos los preparativos de una fiesta sorpresa. Sin embargo, no somos plenamente conscientes del peso psicológico que representa guardar un secreto.
Quien lleva consigo un secreto se somete a un duro trabajo interior, no solo cuando está en compañía de los demás sino también cuando está solo. Guardar secretos es malo simplemente porque se convierte en una actividad agotadora desde el punto de vista psicológico que termina pasándonos factura, tanto a nivel mental como físico.
El simple hecho de saber que debemos ocultar algo, es suficiente para que esa preocupación se active en nuestra mente, lo que al plantearnos ese objetivo, nuestra mente lo activa cada cierto tiempo de manera automática, para asegurarse de que no los olvidemos y, sobre todo, de que aprovechemos las oportunidades que se presentan en nuestro camino y nos facilitan alcanzar esas metas.
Depende del secreto, la activación puede producirse muy seguido. Si pensamos en esos secretos una media de tres veces al día, experimentamos una disminución en la sensación de bienestar y felicidad, o sea que nos sentimos menos felices y peor de salud, más agobiados, lo que lleva a que estemos más estresados y agotados al final del día.
Lo curioso es que el estrés relacionado con los secretos nos convierte en prisioneros de esos secretos y no se activa únicamente cuando estamos delante de alguien a quien queremos ocultar esa información, sino que es una carga que arrastramos también cuando estamos solos.
Cuando el secreto es muy grande, nos hace sentir poco auténticos o lo guardamos durante mucho tiempo, aumenta el riesgo de que desarrollemos síntomas ansiosos o depresivos. De hecho, pensar continuamente sobre la información que debemos ocultar puede llegar a convertirse en una fuente de estrés insoportable. Esa tensión interior a menudo es la que nos empuja a revelar el secreto. Llega un punto en el que preferimos afrontar las consecuencias que seguir arrastrando ese peso.
Aunque este punto podamos desarrollarlo más en el grupo de parejas y matrimonios, solo una pincelada para contestar alguna de estas preguntas: ¿Debe haber secretos en el presente de la pareja?, ¿mi pareja debe saber todo sobre mi pasado? ¿debe saber todo lo que hice, hago y haré?, ¿Qué debo de hacer?.
1. Primero debes distinguir entre la privacidad y secretos:
Lo privado puede ser contado sin temor a lastimar al otro o afectar la relación, pero prefieres no hacerlo porque es tuyo. La privacidad es el lugar y el espacio que la otra persona tiene para hacer sus cosas sin ocultar nada que afecte a la relación.
Los mensajes, redes sociales, mails pueden ser privados… pero no secretos. Es tu decisión revelar o no lo privado. Es decir, la pareja puede ver lo que haces y te da el espacio porque no ocultas nada. Así como la pareja puede hacer lo mismo y no interfiere en nada con la relación.
Lo secreto es un lugar o espacio personal en donde predomina la culpa, retener la verdad, el engaño, hay algo que no puedes decir, mostrar o no quieres que el otro se entere o porque, si lo piensas, a ti no te gustaría que tu pareja hiciera lo que tú en secreto.
Los pensamientos y actos secretos involucran deshonestidad, desconfianza y comprometen la moral y la integridad de la relación. Y que, aunque la persona quisiera revelar el secreto, esto provocaría un caos en la pareja haciendo un problema interminable.
2. Quizá haya alguna información que puedas mantener TEMPORALMENTE en secreto a tu pareja en lo que encuentras la manera y el momento de comunicárselo, pero esto debe tener que ver con tu capacidad para hacerlo y raras veces con la capacidad de tu pareja de recibir tal información. Decir la verdad es importante en todas las relaciones.
Retomando el tema principal, veamos una lista de los secretos más comunes del tipo «No se lo digas a nadie», que podemos tener, donde seguramente te sientas identificado en alguno de ellos:
– Pensamientos extra relacionales: Pensar en relaciones románticas o sexuales con alguien que no es tu pareja actual.
– Comportamiento sexual: Actividades sexuales (como pornografía, masturbación, fetiches) que mantienes en secreto de los demás.
– Mentir: Haberle dicho una mentira a alguien sobre cualquier cosa que no se haya descrito en esta lista.
– Deseo romántico: Esto puede ser un enamoramiento, estar enamorado, desear relaciones con alguien con quien aún no estás casado / en pareja.
– Violación de la confianza: Rompiste la confianza de alguien, tal vez al revelar información confidencial, revisar los mensajes de alguien, tomar prestado algo sin decirle a una persona, etc.
– Robo: Tomar algo que no te pertenecía.
– Infidelidad emocional: involucrarte emocionalmente con alguien que no es tu pareja, coquetear con alguien que no sea tu pareja o desarrollar una amistad íntima con una pareja romántica potencial más allá de tus relaciones primarias.
– Ambición o meta: Tener una ambición o meta secreta (carrera, estado físico, relacional, etc.) que no compartes con nadie más.
– Detalle de la familia: cualquier tipo de detalle de la familia que elegiste no compartir con otros (esto puede variar desde miembros de la familia que no mencionas a cualquier detalle sobre los miembros de la familia que elegiste no contar).
– Secreto financiero: Cualquier detalle sobre las finanzas o el dinero que no le cuentes a otros. Esta puede ser una cuenta bancaria oculta, ganar menos de lo que dices, pagos de hipoteca, herencias, etc.
La mejor manera de quitarle el poder dañino a un secreto es confesarlo, revelarlo o mejorar tu práctica de atención plena para que tu cerebro se entrene para enfocarse en el presente y no ser «secuestrado» por los secretos que guardas.
Por tanto, la próxima vez que te plantees ocultar algo o que alguien te pida que le guardes un secreto, será mejor que te lo pienses dos veces.
Aunque a veces librarnos de un secreto o compartirlo con alguien nos ayudará a sentirnos mejor y beneficiará nuestra salud mental, ya que el secreto es algo que necesita ser expulsado de la mente. ¿Y tú? ¿Algo que confesar?
¿Serás capaz de guardar un secreto?
Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, debemos ser conscientes que con nosotros van también nuestros secretos, esos que nadie conoce, porque nunca han salido de nosotros, y lo curioso de esto es que la Palabra de Dios, nos dice, que Jesús conoce nuestros pensamientos y nuestras intenciones de corazón, o sea, conoce nuestros secretos, los más íntimos y los más profundos.
Hebreos 4:12 “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”
¿Cómo reacciona Dios a este conocimiento de nosotros?, bueno Jesús mismo nos dice en Juan 12:44-48:
“Jesús clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió; y el que me ve, ve al que me envió. Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero”.
Aquí tenemos a Dios que no nos juzga, porque Él vino a buscarnos y a salvarnos, pero la condición es que si no aceptamos su ofrecimiento, entonces la Palabra de Dios, será la que nos juzgue.
¿Cuántas veces nuestros secretos tienen que ver con acciones o pensamientos o intenciones de corazón que van contra la Palabra de Dios?. A eso Dios le llama pecado y necesitamos confesar a Dios nuestros secretos y nuestros pecados para que Él nos libre de ellos.
Ahora si me acompañas, vemos un poco más este tema a la luz de la Palabra de Dios, porque somos invitados a experimentar lo que expresó el salmista de Dios en el Salmo 51:6 «He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.»
