¿Sientes que te falta algo?

Ángel es una persona que, «lo tiene todo», un trabajo, una mujer atractiva, hijos, seguridad económica, trabajo seguro, vacaciones todos los veranos. Y sin embargo, no es feliz del todo, aunque tampoco infeliz. Cuando se queda a solas, piensa en su vida y es sincero consigo mismo se dice: “Sé que debería sentirme satisfecho y agradecido con mi vida, pero no puedo. No sé qué es lo que es, pero me falta algo…”

Ahí está, un sentimiento de vacío que es curiosamente frecuente en muchas personas, sin importar el nivel social o económico donde estén. ¿A qué se debe esto? ¿Cómo es posible que Ángel con este perfil, o tú con tu perfil, sientas que aún no estás completo, que hay algo que falta en tu vida?

Este sentimiento de «me falta algo» podemos verlo como una carga o como una sabia y pertinente brújula personal. Mientras ese sentimiento de vacío persista, tendremos que seguir buscando. Y cuando se apague o se minimice, sabremos con certeza que estamos llegando a la meta.

Para empezar tenemos que considerar este sentimiento un aviso legítimo de que hay algo de lo que carecemos y tenemos que buscar.

El primer paso: dar validez a las emociones

Dejemos a Ángel por un momento y pensemos que es tu caso, y que compartes esas inquietudes con alguno de tus amigos, de seguro te dice que te quejas demasiado y no valoras lo que tienes, que deberías sentirte feliz, ser agradecido, de conformarte, que muchos quisieran tener lo que tú tienes y estar donde tú estás.

Pero estas contestaciones no deben ser una excusa para no hacernos las grandes preguntas: ¿Qué me ocurre, cuál es mi carencia, por qué me siento así?. Porque si sentimos que nos falta algo, es que nos falta algo. Así de sencillo. La sensación de vacío no es una invención, es un sentimiento real que merece ser escuchado y atendido.

Es por eso que ese sentimiento de vacío debería impulsarnos a cuestionarnos, a salir de los convencionalismos y a buscar eso que nos falta, no debes ocultarlo ni enmascararlo.

El segundo paso: encontrar ese momento del camino en donde te extraviaste y qué es lo que en realidad necesitas, veamos 4 posibles causas:

1. Cuando perdiste la ilusión

El primer momento que nos lleva a sentir que «nos falta algo» es la desconexión del goce, de la belleza y del placer de la vida. Si hacemos de la vida una dura y aburrida sucesión de horarios, pagos, obligaciones y listas de cosas por hacer, es normal que nuestro ser esencial, que siempre es intrépido, se queje para ser oído.

Y esta queja es el sentimiento de que «nos falta algo», porque efectivamente es así: ¡nos falta la mitad de la vida! La aventura, la belleza, la diversión, la pasión por vivir. Por ello debes imponerte momentos de: relax, desconexión, paseos, alguna afición, en resumen probar nuevas cosas, cosas novedosas, porque quizá tu vacío existencial lo que te pide es dar un paso hacia lo desconocido.

2. Cuando te falta un propósito

Tú has nacido con cualidades propias y para contribuir con eso a la sociedad, que te hace sentir vivo para desplegar todo tu potencial. Al no conocerte, tampoco puedes ver ese propósito.

Aunque cumplamos los propósitos de otra persona, nuesto vacío seguirá presente, se trata de cumplir nuestros propósitos. La cuestión está cuando no sabes cuál es tu propósito, cuáles son tus talentos, dónde está su vocación profesional, qué deseas de verdad… ¡y en consecuencia no puedes dar los pasos para ello!

Si están en este paso, si el vacío se debe a la falta de propósito: 1) averigua dónde perdiste el contacto con tus propios deseos y 2) márcate un plan de acción para descubrir qué has venido a hacer a este mundo.

3. Cuando falta amor, comprensión y ternura

En otros casos, sobre todo en personas desconectadas de su mundo emocional (como el típico «hombre duro» o la figura de «mujer súper resolutiva») lo que el ser esencial está clamando a través del sentimiento de vacío es cariño, dulzura, ¡amor!

No se puede vivir sin amor. Es una necesidad humana fundamental, biológica, social, inscrita en cada célula de nuestro cuerpo. Algunas personas, por heridas emocionales y traumas de diversa índole, se han esforzado en creer que esto del amor es «opcional» y que es suficiente tener dinero, cultura, estímulos mentales y sexo para una vida provechosa.

No es así. El corazón se marchita si nos falta la perla de la vida, que es el amor. Y esa marchitez se traduce en esa sensación de que «todo me da lo mismo» o «la vida no es para tanto».

Si detectas que es esto, entonces, nunca mendigues amor de los demás, dártelo a ti mismo, deja de criticarte y trátate bien, con respeto, con amabilidad, como lo harías con la persona que amas. Y quita esa máscara de persona fría para relacionarte con los demás de forma más rica, intensa y amorosa. Y ese flujo de dar y recibir amor es el que irá llenando tu vacío existencial.

¿Sientes que te falta algo?

Cuando vamos a la Palabra de Dios, es cuando podemos dar respuesta al punto número cuatro de estas posibles causas.

4. Cuando hay hambre espiritual

En nosotros existe ese anhelo de lo divino, que nos lleva a tradiciones y ritos religiosos. Pero esta necesidad espiritual al no poderla explicar con la mente lógica, es cuando nos dejamos llevar por la intuición y probamos diferentes caminos para sentirnos llenos en esa parte espiritual.

Y ante este panorama, se nos abre la Palabra de Dios, que se presenta como la única alternativa segura, para llenar esos vacíos, y eso es así porque ahí está el que nos ha creado y nos conoce y conoce nuestras necesidades.

Ya nacemos con la necesidad de Dios, porque dice la Palabra de Dios, la Biblia; que fuimos creados para la alabanza de su gloria (Efesios 1:6), o sea para vivir en comunión con Jesús; pero el hombre con el irrefrenable deseo de independencia, con cierta rebeldía, no queriendo depender de nadie, no se da cuenta que se pierde una gran bendición, caminar de la mano de su Creador.

Dios es el único que sabe por dónde tenemos que transitar; nos promete en su Palabra, en el Salmo 32:8: «Te haré entender y te enseñaré el camino por donde debes andar, sobre ti fijaré mis ojos»

¡Qué hermosa promesa! Nos recuerda que no estamos solos, que hay alguien que quiere cuidarnos; si le entregamos el control de nuestras vidas.

En Isaías 48:17, también Dios nos dice: «Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo soy Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que debes seguir».

Realmente nos sentiremos solos únicamente si decidimos caminar solos por la vida; Jesús está dispuesto a caminar a nuestro lado y a guiarnos por el mejor camino, por el más conveniente para nosotros.

A veces no entendemos las cosas que nos suceden; pero tenga la seguridad de que Dios nunca está distraído, por lo tanto, nada le va a ocurrir por casualidad, todo tiene un propósito y es para su bien. Confíe en Jesús.

Ahora veamos este tratamiento de Jesús con una persona que creía tenerlo todo pero le faltaba llenar ese vacío.

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