“Espérame en el cielo corazón”
Hoy tenemos otra historia. Esta comienza en una casa alrededor de una mesa, donde están sentados el matrimonio con una hija adolescente que llamaremos “Teresa”, esperando a que llegue para la cena el hijo mayor que llamaremos “Roberto”.
En eso suena el teléfono. Fue la madre quién respondió, y al colgar quedó como si hubiera visto a un fantasma, con la mirada perdida, con el rostro pálido y con sus manos heladas. Teresa preguntó, ¿Qué pasa mamá?, pero ella solo respondía, “nada cariño, no pasa nada….no te preocupes”….y le decía con cara de preocupación…”esta noche irás a dormir con tu tía Silvia”. Teresa al percibir la angustia de su madre, dejó de preguntar…. pero seguía con el deseo de saber que era lo que había pasado.
A la mañana siguiente, sus padres fueron a buscarla. Sus rostros estaban tensos, sus ojos hinchados y sus labios forzaban sonrisas que se resistían a salir. “Tu hermano Roberto sufrió un accidente anoche viniendo para casa y se ha ido al cielo”.
Teresa sentía una mezcla de confusión y angustia y miles de dudas que la invadían y no se atrevía a preguntar… Mi hermano Roberto se ha muerto y tal vez sea mi culpa, estaba muy enfadada con él porque siempre me estaba diciendo lo que hacía mal. Pero Teresa callaba, y ante su silencio, sus padres creyeron o necesitaban creer que el asunto estaba zanjado.
Pero Teresa necesitaba saber… y de repente se enfrentó sola con ese terrorífico mundo desconocido para ella.
Hoy en día, los padres tendemos a alejar a nuestros hijos de la presencia real de la muerte, procuramos que sepan lo menos posible, procuramos no hablar ni llorar delante de ellos, pensando que de esa forma le evitamos dolor y sufrimiento que la muerte de nuestros seres queridos provoca.
Pero los niños, los adolescentes y los adultos, todos tenemos infinidad de preguntas sobre la muerte sin necesidad de haber vivido la muerte de un familiar. Y cuando no sabemos, lo que hacemos es inventar nuestras propias teorías para no quedarnos sin explicación. La imaginación de los niños y los adolescentes puede ser mucho más terrorífica de lo que pensamos.
Volviendo a la historia y resumiendo: Los padres y nosotros, los adultos en la vida real, somos el modelo de aprendizaje en nuestros niños y adolescente, en nuestra expresión emocional de ese dolor. Si negamos u ocultamos lo que sentimos, ellos harán lo mismo.
Por eso estos padres tuvieron que pasar por un proceso (que no podemos repasar ahora), para transmitir a Teresa la muerte de su hermano, primero dejándola a ella expresar sus sentimientos, sus preguntas, sus dudas, sus miedos, lo que ella entendía de la muerte, lo que se imaginaba. Y esto repetirlo tantas y tantas veces como fue necesario, respondiéndole siempre con cercanía y confianza hacia su hija, pues tenían que asegurarle que ella no era responsable de la muerte de su hermana.
«Espérame en el cielo corazón»
A Teresa le dijeron que su hermana se había ido al cielo, en el lenguaje de los que nos llamamos cristianos también decimos que marchó al cielo. Pero: ¿Qué es el cielo?, ¿Dónde está el cielo?.
Unos dirán que el cielo no es un lugar, sino un estado mental de perfecta plenitud, más allá de todo lo que has experimentado como «estar en el cielo». El cielo también es un término que es utilizado con mayor frecuencia en el ámbito de la astronomía y la religión.
En astronomía, el cielo se define como el espacio donde se encuentran distribuidos el Sol, las estrellas, la Luna y los demás planetas. Considerando este cielo se nos hace difícil considerar que allí en el espacio exterior están nuestros seres queridos esperándonos.
En un contexto religioso, esta palabra representa para muchas doctrinas espirituales la morada de Dios y existen otros que afirman que el cielo es el rumbo final de todos los seres humanos, al menos de los que están libres de pecados.
