“La mala costumbre en el matrimonio”

Las costumbres son hábitos de comportamiento en la vida regular de las personas, que pueden ser positivos o negativos. Todo matrimonio tiene hábitos buenos y malos. Pero cada matrimonio debe esforzarse por mantener y reforzar los buenos hábitos e ir desechando los malos. Entre más positivo sea el balance de hábitos más saludable será el matrimonio.

La mayoría de costumbres buenas o malas, las aprendemos desde niños en medio de la convivencia familiar y del ambiente en que nos desarrollamos.

Algunos cónyuges tienen por ejemplo la mala costumbre de criticar y juzgar a su pareja constantemente. Es como si estuvieran atentos a cada falla de su cónyuge para criticarle, reclamarle y hasta condenarle. Esta costumbre es destructora de matrimonios, ya que por lo general el cónyuge afectado termina cansándose de esa actitud y reacciona negativamente.

En la Comunicación, hay personas que tienen la costumbre de gritar constantemente, lo cual bloquea la comunicación. Hay personas que tienden a asumir los pensamientos del cónyuge y se indisponen porque creen saber lo que el cónyuge está pensando.

Al estar en pareja, hay varias costumbres negativas que muchos repetimos. Desde ignorar los conflictos hasta espiar su WhatsApp, revisamos lo que nos puede llevar al fracaso amoroso. Cuando los leas quizás te parezcan demasiado obvios, pero la realidad es que muchas veces terminamos cayendo en estos malos hábitos. El problema es que, en el largo plazo, puede atentar contra nuestro matrimonio.

En líneas generales, lo que mencionamos no tiene importancia si se produce una vez aislada. El gran problema llega cuando se hace costumbre, cuando se transforma en (mal) hábito.

Empecemos por las malas costumbres en cuanto a la comunicación:

* En situaciones de crisis, acudir a familiares o amigos en vez de buscar apoyo en la pareja. Si el problema está en la pareja, la solución debe estar ahí mismo. Cuantas más voces haya en la discusión, más caótico será el resultado. Recordad que cada pareja es un mundo y cualquiera que opine desde afuera lo hará desde su propia óptica, sin conocer el verdadero contexto.

* Pelear en público. Se pueden dar situaciones híper vergonzosas tanto para ustedes como para los testigos. Si percibís que se viene una discusión, hacer lo que sea por cambiar el rumbo. Si sentís la necesidad, podéis retomar la discusión puertas adentro.

* Evitar los conflictos. No es cierto que las parejas felices no pelean. Por eso, no caer en peleas y discusiones no es necesariamente signo de una relación saludable. Si ambas partes de una pareja están de acuerdo en absolutamente todo, algo pasa. No tengas miedo al conflicto: en su justa medida, puede ser el vehículo hacia una mejoría en la relación.

* No hablar sobre los problemas. Evitando los temas conflictivos, a la larga un pequeño problema se puede convertir en uno importante. Obviamente que no estamos hablando de charlar sobre absolutamente todos los roces, sino de tratar los temas que vos sabéis que pueden llegar a transformarse en un problema mayor. Lo importante es no ignorar los conflictos, sino afrontarlos.

Más errores que pueden terminar una relación:

* Espiar. La base de todo es la confianza. Si caes en revisar emails o mensajes, estás abriendo la puerta a una marea de sospecha y malos sentimientos. Antes de sucumbir a la tentación de espiar, plantéate qué sentirías si fuera tu pareja la que te estuviera espiando, metiéndose en tu privacidad, en tus cosas…

* Comparar. No hay nada peor para el otro que estar comparándolo con otras personas: el novio de tal, mi cuñado, y ni hablar de los ex. No importa que lo pienses para vos misma, no hace falta decirlo. Ni siquiera está bueno hacer comparaciones positivas, porque en un mal momento de la pareja puede llegar la comparación negativa.

* Criticar a la familia política. Si lo hacéis, estás permitiendo que tu pareja critique a tu familia. Y una vez que pasa, no hay vuelta atrás: todos son libres de hablar de la familia del otro. ¡Nada bueno puede salir de esto!

* Exigirle que cambie. Está claro que es positivo poder cambiar algunos aspectos de la personalidad. Pero no podemos exigírselo a nuestra pareja. No olvides que es la persona de la que te enamoraste, en todos sus aspectos.

* Explotar de celos. Un poco está bien, y es sano… Se puede decir que ayuda a mantener viva la pareja. Pero caer en escenas de celos constantes e injustificadas es una receta infalible para el fracaso amoroso. ¡Confianza ante todo!

* Ser el centro del mundo – acuérdate, ustedes son una pareja. Siempre considera cómo tus decisiones y acciones pueden afectar a tu cónyuge. No cierres tu mente alrededor de ti mismo y de tus sentimientos. Las emociones de tu marido o esposa necesitan ser tomadas en cuenta. Por lo tanto, pide la opinión de él o ella sobre las decisiones importantes que puedan afectar a la familia y escúchala con atención antes de reaccionar. Ustedes están juntos, de manera que las decisiones no pueden ser tomadas en una sola dirección.

* Control total – economía, tareas del hogar, niños, cocina, viajes, etc. Son elementos suficientes para que una sola persona controle todo, sola. Si quieres mantener un matrimonio saludable, necesitas suavizar la voluntad de controlar todo y permitir que tu cónyuge tenga voz. El matrimonio es una alianza, y para que sea una alianza feliz, tú no puedes tener la última palabra siempre. Da a tu cónyuge la oportunidad de formar parte de las decisiones y aprende a ceder.

* Desprecio del afecto – sin sexo, sin abrazos, sin besos, sin darse la mano: esos son los ingredientes para transformar el matrimonio en una rutina melancólica y fría. Ustedes no necesitan de sexo todas las noches para ser felices, pero somos seres humanos y necesitamos de afecto. Sea un beso, un abrazo o ver una película muy juntitos. Preocúpate por darle al otro algún tipo de cariño todos los días.

* Abuso verbal – insultos, comentarios críticos todo el tiempo o juicios pesan mucho en la autoestima de una persona. No causes frustraciones a tu cónyuge. Es natural irritarse a veces, pero no permitas que la rabia te domine, al punto de decir verdaderas crueldades. Aprende a dar voz a tus frustraciones sin hacer uso de insultos. Es cuestión de autocontrol.

* Sin tiempo juntos – es verdad que los hijos son importantes, pero también es importante tener momentos de calidad como pareja. Su relación es la base de su familia: que sea una base firme. Tus hijos te verán como un ejemplo de lo que un matrimonio digno debe ser. Encuentren tiempo para estar el uno con el otro sin los niños. Aprende a aprovechar la compañía de tu cónyuge.

* Mentir a cambio de tranquilidad – para evitar discusiones o conversaciones difíciles, muchas personas escogen el atajo de la mentira y pueden terminar acostumbrándose a ese venenoso vicio. Ningún matrimonio se sostiene teniendo ilusiones como base. Sé honesto y construye tu relación en la verdad. Ser fiel no tiene que ver sólo con sexo, sino también con ser emocionalmente honesto con el otro y preocuparse por sus sentimientos.

Se puede enumerar un sinfín de malas costumbres más que afectan los matrimonios.

Hay costumbres que quizás para uno no son molestas, pero lo son para el otro y entonces deben respetarse. Los esposos deben abrir el corazón y dejarse saber mutuamente con respeto y suavidad, que costumbres del otro le molestan con el único propósito de informar, para que el otro lo sepa y tome la decisión por si solo(a) de cambiar esas costumbres que le hacen sentir mal a su pareja. No por presión, sino por convicción.

“La mala costumbre en el matrimonio”

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos que también aparecen las costumbres, veamos dos versículos como botón de muestra en:

1 Corintios 15:33 “No erréis, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”.

Hebreos 13:5 “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque EL dijo: No te dejaré ni te desampararé”.

La Palabra de Dios nos ayuda a ver que la primera y más importante costumbre que debe tener todo matrimonio es procurar una relación permanente con Dios. O sea, que ambos tomen la decisión de leer la Biblia juntos, orar juntos, asistir regularmente a la Iglesia y practicar la obediencia a la palabra de Dios.

Segundo, deben tomar la decisión de desarrollar hábitos de compartir juntos, afirmarse mutuamente, pensar diariamente en que podemos hacer para el bienestar de nuestro cónyuge. La misión más importante de cada cónyuge en el matrimonio es encargarse del bienestar del otro. Esto debe convertirse en un poderoso hábito de vida en el matrimonio que les va a dar excelentes beneficios a la relación y a la familia.

La Palabra de Dios no invita a tomar la decisión hoy mismo de cambiar esas malas costumbres en el matrimonio y desarrollar nuevos hábitos de beneficio y bendición para tu familia.

Tu matrimonio es el tesoro más valioso que Dios te ha dado. CUÍDALO!

Para conocer más, te invito a acompañarme:

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