“Los rayos crepusculares”

Los rayos crepusculares son haces luminosos que parecen tener su origen en un único punto del cielo. También conocidos como “rayos de Dios”, «escalera de Jacob»…

Hubo una temporada que por mi trabajo viajaba mucho en avión, y era estupendo cuando despegabas con un tiempo de oscuridad por tormentas feroces y al subir por encima de las nubes, podía perder la mirada en el horizonte sin fin, viendo el cielo azul, el sol resplandeciente y las nubes brillando bajo tus pies como copos de algodón iluminado, era ese momento delicioso y de mucha paz, comprobar que el sol estaba allí en todo su esplendor aunque desde abajo no se veía.

Da igual cuán grandes y oscuras nubes se ciernan sobre nosotros que nos impiden ver el sol, o cuan fuerte sea la tormenta, o el número de rayos que cayeron sobre la tierra, o la cantidad de agua que dejó. Porque por encima está el sol que se abre paso con fuerza para hacernos llegar sus rayos que iluminan entre la oscuridad.

Por eso no te preocupes si en este momento todo en tu vida es oscuridad, y no eres capaz de ver más que tinieblas por todos lados. Jamás desesperes, y nunca te detengas. Mira hacia delante, no desfallezcas ni ralentices tu firme caminar, porque finalmente, con buen paso, el sendero se vuelve a iluminar.

Además, los rayos crepusculares entre la tormenta ofrece una de las luces más maravillosas que existe. Una vez ha pasado la oscuridad, la lluvia y las tinieblas que dejaron caer las nubes del cielo, la tierra huele a humedad, el calor pica sobre tus hombros, y tú miras feliz hacia el horizonte, porque has sobrevivido al mal tiempo, y ahora disfrutas de un día esplendoroso.

Mucha gente vive en un miedo constante a las tormentas en sus vidas. Piensan que en su vida, todo va a ser lluvia, mal tiempo, rayos, truenos y oscuridad. ¿Por qué hemos de dejar que la tormenta sea la manifestación protagonista de nuestra vida? ¿Por qué sufrir una lluvia eterna de infelicidad y dolor?. Solo necesitamos las herramientas necesarias para sobrevivir a la tormenta, y aprovechar el trance superado para salir airosos, más sabios y fuertes, y saber disfrutar del maravilloso sol que llega tras el mal tiempo.

¿Has pensado alguna vez en las herramientas necesarias para sobrevivir a una tormenta?
– Un paraguas es totalmente necesario en una tormenta. Aunque a veces pueda ser excesivamente poderosa, siempre nos protegerá dentro de sus posibilidades del agua que cae incesante y trata de mojarnos cada poro de nuestra piel.
– Un techo bajo el que cobijarse es la mejor opción para superar una tormenta. Piensa que cuantos más fuertes sean los cimientos de tu hogar, menor será la posibilidad de que tu casa desfallezca ante la feroz furia tormentosa. Evita las humedades, las goteras y la mala fabricación.
– Una voluntad férrea también es de vital importancia ante las fauces de las tormentas. Unas ganas enormes de vivir, de superarla y de no dejar que el agua se lleve y limpie más que lo que tú en realidad quieres y necesitas que desaparezca.

Piensa quién es tu paraguas en la vida. Quiénes forman parte de tu hogar. Dónde está tu voluntad para superar la tormenta y volver a ver el sol que calienta la tierra húmeda tras los rayos y los truenos. Y ahora, ve y abrázales por estar ahí, siempre a tu lado, protegiéndote en los malos momentos para que puedas vivir los buenos y disfrutar de la luz.

En ocasiones, miramos el cielo y descubrimos a ese sol inmenso y solitario. No importan sus años, ni esos días en que lo cubren las tinieblas: él nunca deja de brillar.

Con las personas sucede lo mismo. Todas nacemos con luz propia, todos tenemos la capacidad de brillar, sin embargo, ese sol con el que venimos al mundo pierde fuerza a veces por nubes pasajeras, o por la influencia de otros que son capaces de apagarnos un poco cada día.

En nuestro día a día son muchas las personas que pueden apagar el sol de nuestro interior. Y aún más, en ocasiones el auténtico enemigo podemos ser también nosotros mismos, a través de esos saboteadores internos que nos limitan, que nos llenan de miedos e inseguridades.

No dejes que nadie te traiga tormentas o reste esplendor a tu capacidad de ser feliz, cuando tú necesitas días de calma y de luz. Recuerda que eres dueño de tu vida y de tu destino, que debes cuidar de ese jardín interior que es tu autoestima, y tu crecimiento personal.

Eres todo lo que has superado, eres tus derrotas y tus triunfos, pero a su vez, eres algo más que todo ello. Eres alguien capaz de asumir su pasado y de crear su futuro.

El pasado no puede editarse, nadie puede borrar lo que ocurrió ayer. Por ello, no conviene hacer de nuestro presente un estado de lamento continuo. Hay que darse nuevas oportunidades y cultivar nuevas ilusiones.

Fija en tu horizonte objetivos sencillos que te animen a hacer pequeños cambios cotidianos. En ocasiones, el peor enemigo es la rutina, de ahí que sea necesario ir más allá de esa línea que te limita ahora.

Ponte el sol de frente y deja las sombras del ayer a tus espaldas. Notarás que la luz en ocasiones te ciega un poco: es porque el futuro aún no está escrito y tú eres el auténtico artífice de todo lo que está a punto de llegar.

No importa lo que nos traiga la vida, lo esencial es lo que cada uno hagamos con lo que la vida nos trae, con la actitud que tengamos. Hay quien de actos sencillos construye grandes tempestades, y hay quien de pérdidas emerge con gran entereza. Sea como sea tu actitud, nunca está de más aprender a sacar esa luz de nuestro interior. Ese sol que debe alumbrar nuestro camino.

Por muy larga que sea la tormenta el sol siempre vuelve a brillar. Nada permanece eternamente, ni siquiera el dolor que te hostiga en estos momentos. Día a día el dolor será mucho menor y podrás respirar con normalidad. Lo único que tendrás que hacer, es aprender a vivir con los recuerdos.

Hemos de aprender a aceptar que la adversidad puede visitarnos en cualquier momento. Y lejos de resistirnos, lejos de volvernos prisioneros del dolor, hay que aceptarlo, entenderlo y, poco a poco, dejarlo ir.

La resiliencia es una capacidad que todos tenemos en nuestro interior. Aprendemos de las adversidades y salimos fortalecidos siempre y cuando, entendamos que todo pasa, y que merecemos abrirnos de nuevo al mundo.

Cuando todo parece que esté perdido, siempre aparecen esos rayos crepusculares. Búscalos en tu interior, búscalos en la gente que te quiere, búscalos en ese horizonte que te aguarda con nuevas ilusiones.

“Los rayos crepusculares”

Cuando nos acercamos a la Palabra de Dios, encontramos que mientras el mundo dice que después de la tormenta viene la calma, aquellos que han puesto sus vidas en las manos de Dios, pueden decir: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. Salmo 23:4

Pueden venir tormentas de todo tipo, ambientales, físicas, espirituales, emocionales…, pero no importa cuánto de oscuridad y tinieblas estén compuestas, porque la Palabra de Dios tiene el poder de penetrar y de abrirse paso para mostrarnos esos rayos crepusculares, esas palabras de vida y poder, que nos traen luz, que nos traen paz, que nos traen descanso para nuestras almas y nuestras vidas.

En medio de la tormenta alza tus ojos a los cielos, mira más allá de las nubes, y clama a Dios, al Rey del universo, para que venga en tu ayuda. Aunque no está tan lejos, sólo a un clamor.

El ejemplo de esa cercanía de Dios con nosotros nos la enseño el Señor Jesús en el Evangelio de San Juan capítulo 11 del verso 41 al 44.
“… Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir”.

Jesús fue oído y dio vida a Lázaro que estaba muerto, de igual forma Dios puede oírte y sacarte de la tormenta en la que estés ahora y además también quiere darte vida eterna. La pregunta es ¿Dónde pondrás hoy tu mirada? ¿A quién vas a pedir socorro?.

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